Llevo mucho tiempo sin escribir por aquí. He comprendido mi error, y vory a redirme con publicaciones de mis lecturas, y también de mis escritos.
Empiezo con El ser y la Nada de Sartre.
«El ser y la Nada» de Sartre fue publicada en 1943. Yo he leído la edición de 2017, publicado por Editorial Losada, que ha hecho un magnífico trabajo, y su cuidadosa edición facilita la lectura. Lo que es de agradecer porque «El ser y la Nada» es una lectura pesada, excesivamente compleja. En muchas ocasiones me he perdido, he tenido que retroceder, buscar otras fuentes —desde podcasts a artículos de otros filósofos con una escritura más convencional— para que me expliquen qué estaba leyendo. Sin olvidar que hay que conocer la filosofía de Descartes, Kant, Hegel, Kierkegaard, Husserl y Heidegger; sobre todo, estos dos últimos.
Si tuviéramos que esquematizar la filosofía sartriana habría cuatro puntos claves:
—El ser–en–sí.
—La nada.
—El ser–para–sí (la realidad humana).
—El para–otro.
El ser en sí son las cosas (objetos, animales, personas) que me rodean. «El ser es lo que es», no se puede ser nada más, por ejemplo: la mesa no puede dejar de ser mesa.
El ser–para–sí es el ser de la conciencia, que es consciente de algo distinto a ella misma. Este algo distinto es el ser–en–sí, a un sujeto, ser–para–sí. Este ser–para–sí niega la realidad, un vacío entre ambos, a partir de esa Nada mana el objeto. El ser–para–sí es lo que no es. Si yo puedo dejar de ser lo que soy es porque tengo la libertad, en otras palabras, soy libre para hacerlo, soy libre para dejar de ser escritor o jugador de baloncesto. En cambio, la mesa (en–sí) no puede, ella está encerrada en una esencia y yo no. A partir de la Nada flora la libertad, la negación es la que ha hecho que surja la Nada, entonces, las circunstancias de nuestras vidas no nos pueden determinar totalitariamente, podemos negarlas, tenemos la capacidad de negarlas gracias a la libertad, sin embargo, la libertad y no estar totalmente determinado provoca en nosotros una angustia existencial (Kierkegaard). Sartre pone un ejemplo cotidiano: un sujeto ha quedado con su amigo Pedro en una cafetería, pero Pedro no está. La conciencia del sujeto es la que niega. Pero esta filosofía también es una clara resistencia al poder establecido, la filosofía sartreana no es precisamente una consolación para regar con palabras estériles la resignación individual como hace el estoicismo.
Sartre crítica la definición filosófica de esencia de sus antecesores antes citados. Para él francés yo determino mi esencia existiendo, poco a poco entramos en la idea que tiene Sartre sobre la libertad, una libertad radical.
El ser-para-otro es la estructura de nuestra existencia cuando aparece «la mirada del otro». No existe un “ser-en-sí para otro” como categoría formal,
pero el ser-para-otro implica que yo aparezco como un en-sí para el otro. La mirada del otro me convierte en objeto, me da una esencia que yo no elegí. Este fenómeno es constitutivo de la coexistencia humana y fuente de conflictos (para este párrafo he consultado a chat GPT. Es la primera vez que lo utilizo, y ha sido una ayuda útil, pero su información no tiene la profundidad de las otras fuentes que he consultado).
La última parte del libro Sartre habla con profundidad de la libertad, su concepto de la realidad radical. En la página 599 aparece su famosa frase «estoy condenado a ser libre». La libertad para Sartre es «la autonomía de la elección» (657). Cuando decidimos seguir viviendo con ciertas características lo elegimos —aunque es cierto que cuando eres guapo e inteligente como yo se te abren las posibilidades de elección—, pero alguien podría decir que hay personas que si no fuera por su fe religiosa se suicidarían por vivir con estas características. ¿Quién elige estas creencias? ¿Su yo? Para el francés es decisión de esa persona, «decisión mía» el seguir viviendo. Nuestras vidas debemos construirlas, el problema es crear el camino. Para muchas personas la libertad no existe porque tienen una representación del mundo en la que las causas limitan completamente al ser humano; los hechos que están en nuestra vida y no podemos elegir, como el lugar en que nacimos o la clase social, es decir, la facticidad. Para Sartre el ser humano no está determinado por causas, Spinoza solo busca casusas, ni por los hechos, sino por un problema de sentido. ¿Cómo percibo yo un problema? ¿El sentido se puede buscar? Las cosas no tienen sentido, por ejemplo: cuando pasa un gato negro no da mala suerte, esto es solo superstición. No todos los sentidos están bien construidos, pero es la excusa perfecta para culpabilizar a los sentidos. Sartre, con este ejemplo, quiere decirnos que yo le doy sentido a las cosas. ¿Por qué lo hago? Para justificarme a mí mismo de mis acciones. Es mi libertad, es mi proyecto el que puede determinar cómo el mundo me parece. No es el mundo cómo aparece que me determina a mí a actuar de cierta manera. Por ejemplo: correr 10 km es difícil. Depende. ¿Lo quieres hacer? Poco a poco hay que entrenar. Las cosas no aparecen buenas o malas, sino como las proyecto yo con mi libertad (Sartre pone el ejemplo con un peñasco).
Hay otros conceptos que no he escrito aquí, como “la mala fe”, “la ék–stasis” de Heidegger, “la ipseidad” o “la mismidad”. Pero la base sartriana ha quedado bien clara. Es un concepto interesante la libertad sartriana, no obstante, su filosofía actualmente no tiene tanta influencia debido a su concepto radical de nuestras propias elecciones, Sartre tira con demasiada fuerza de la cuerda.
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