domingo, 1 de noviembre de 2026

Fundamentación para una metafísica de las costumbres de Kant.

 

He intentado leer  «Fundamentación para una metafísica de las costumbres» (1785. Gredos, 2023) de Kant. No he sido capaz de leerlo sin ayuda externa. A parte de la introducción de este libro, me han ayudado «Kant: El giro copernicano en la filosofía» de Joan Solé (EMSE EDAPP, 2016. Edición Kindle) y un vídeo en https://youtu.be/CJoVGkWU5Yc?si=_VZhOCmQlMH-sxVo

«Fundamentación para una metafísica de las costumbres» es un libro corto, pero denso. Para seguir delante, en cada página, he actuado por deber. No me ha divertido, entonces, ¿por qué he seguido? He continuado por un deber que no buscaba ningún interés o conseguir un objetivo personal. Para Kant si yo hubiera leído y publicado este texto para demostrar al mundo lo inteligente que soy estaría actuando bajo un imperativo hipotético, es decir, leer no es obligatorio por sí mismo, lo hago porque quiero presumir de que no he entendido al alemán. He actuado con el deber por un interés sin ninguna pretensión en sacar beneficios personales, en otras palabras, si he actuado sin buscar el interés personal estoy ante el imperativo categórico, que debo hacer desde el punto de vista de la moral, independientemente de lo que yo quiera hacer.

Mi ejemplo de la lectura no es preciso, pero se puede trasladar a un hecho práctico: una persona ayuda a otra necesitada para que sus vecinos lo miren con buenos ojos (imperativo hipotético), en cambio, otra lo hace por deber, porque ha razonado que es lo correcto. No hace falta que tenga compasión, es más, quizás la segunda persona ha tenido un mal día y está enfadada, tan cabreada que no le apetece ayudar al necesitado, pero igualmente lo hace porque sabe que tiene que hacerlo. No actúa movido por la compasión (Kant llama a estas emociones «inclinación». Por otra parte, hay una foto del glosario del libro en la que sale la definición kantiana de la «voluntad». Concepto muy importante para leer este libro). Para el filósofo la segunda opción es la correcta y no la primera. Puede parecer que Kant defiende una moral fría, pero no crítica los buenos sentimientos de las personas siempre que reconozca su deber.

En la página 20 escribe que «yo nunca debo proceder de otro modo salvo que pueda querer también ver convertida en ley universal a mi máxima», es decir, actúo según leyes que sean universalmente buenas. Un ejemplo sencillo: voy a pedir dinero a un amigo sabiendo que no se lo puedo devolver, pero voy a mentir asegurando que lo haré cuando sé que miento. Si traslado esta acción para todos es evidente que no habría confianza entre las personas.

En las páginas 47 y 48 escribe que «el imperativo práctico será por lo tanto este: obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en su persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio». La moral no puede basarse solo en lo que a mí me gustaría que me hicieran, sino que tiene que apoyarse en un principio racional que pueda valer para todos. Kant va más allá del tópico «lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas tú a los demás». No defiende que nunca podamos utilizar a otra persona como medio (si pago a un fisioterapeuta para curar cualquier dolor del cuerpo lo estoy utilizando como medio), porque es imposible. Lo incorrecto es olvidar que toda persona tiene su propio fin, su capacidad de decidir. No se debe instrumentalizar a esa persona machacando su autonomía. No puedo pagar al fisio para la rehabilitación de los tendones de mi hombro y luego aprovecharme de él para que escriba este texto. Lo he intentado, pero me ha dicho que tengo que respetar nuestro trato y que no le engañe, porque, entonces, no respeto la dignidad humana. Y tengo que respetar la dignidad de todo el mundo, incluido la mía, así que, sería un golpe a mi dignidad si yo voy a una entrevista del trabajo y el responsable de Recursos Humanos me contrata para hacer un trabajo que, luego, resulta que me responsabilizo de otras tareas que no se me dijo en la entrevista, o me obligan a hacer horas extras sin cobrarlas bajo amenaza de despido si no lo hago. Me parece que casi nadie ha leído a Kant. Yo tengo derecho a defenderme, sin embargo, según Kant, tengo que hacerlo sin negar la dignidad del responsable que me ha engañado.


Un poco más adelante sigue «un reino de los fines» (buen título para una novela) en el que se práctica «la idea de la voluntad de cualquier ser racional como una voluntad que legisla universalmente». Cada individuo actúa como miembro de una comunidad de seres racionales que se dan una ley moral universal. Cada persona tiene la capacidad de razonar que leyes pueden ser universales o no, morales o no. No se limita a obedecer leyes morales externas como un borrego, sino que es capaz de reconocerlas mediante su propia razón. Que se actúa con moralidad no significa que obedezca una norma externa ni se inventa una regla en la que sale beneficiado, sino llegaría el caos. Cada persona se reconoce como autora y destinataria de una ley moral que debe ser válida para todos los otros seres racionales. Kant llama a este concepto «autonomía». Luego está la «heteronomía», que es cuando la voluntad recibe un principio externo que le beneficia personalmente, regresamos al imperativo hipotético.

Las últimas páginas del libro el alemán reflexiona sobre la libertad y su relación con la obligación moral. La libertad no consiste en satisfacer los deseos de uno mismo, sino en poder orientar la voluntad mediante la autonomía de la razón. Sin embargo, el filósofo reconoce que la libertad no se puede demostrar que exista. Tenemos que suponer que existe desde el punto de vista práctico para comprendernos como agentes morales.

Hay otros conceptos de los que no escribo para no alargar el tema, el tema de la voluntad es importante, pero aquí está la base de «Fundamentación para una metafísica de las costumbres», que lo he leído por la escritura de mi última novela. Si ha sido útil eso es algo que el tiempo y vosotros diréis.










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