La editorial Alfaguara publicó hace unas semanas una edición conmemorativa de «Línea de fuego» por el noventa aniversario de la Guerra Civil española. En realidad es una reimpresión de la novela de Arturo Pérez-Reverte acompañada de un pequeño libro de artículos y entrevistas sobre el autor y la historia de la Guerra Civil.
La historia narra los primeros diez días de la batalla del Ebro. Los hechos ocurren en Castellets del Segre, un pueblo inventado por el autor. El estilo es directo, frases cortas para tensar la acción, las imágenes bélicas están construidas con precisión, ayuda el enorme conocimiento que tiene Pérez-Reverte sobre las armas utilizadas en ese periodo. Escrito en tercera persona, utiliza el presente para compartir la inquietud de sus protagonistas. Los dos bandos son tratados con la misma objetividad, y el autor nos muestra lo mejor y lo peor de la humanidad.
«Línea de fuego» es una novela coral, pero el personaje que más sale es Patricia Monzón, Pato, una joven comunista, miembro de una inventada Unidad de Transmisiones en la que es acompañada por otras diecisiete mujeres. Es muy importante la presencia de una mujer en la batalla más sangrienta de la Guerra Civil. No lucha, pero se juega la vida. Su idealismo choca con el capitán Bascuña, que no es comunista y mal visto por el comisario político. Por parte de los fascistas los dos personajes más logrados son Ginés Gorguel y Selimán al-Barudi. El primero es un carpintero de Albacete, forzado a combatir a pesar de no tener ideología. Es un hombre de treinta años, cobarde, pero siempre acaba en alguna batalla. Representa a muchos españoles que no tenían ninguna clara predilección por ninguno de los dos bandos de la guerra. El segundo es un marroquí franquista, contundente en la batalla, pero este personaje rompe el cliché de violador y mala persona que tenían los moros de Franco. Selimán al-Barudi ayuda y protege a Gorguel hasta el punto de que se hacen amigos. En el bando fascista también hay que tener en cuenta a Santiago Pardeiro. Un chico de veinte años que asume una gran responsabilidad.
Hay muchos más personajes, pero del pueblo mencionado solo sale un niño de diez años, Tonet, que ayuda a Pardeiro con la geografía local.
El tema principal es la obsesión de Pérez-Reverte por demostrar que no todos los soldados del ejército sublevado eran fascistas y criminales ni los soldados del ejército republicano eran unos sanguinarios revolucionarios. Quiere dejar bien claro que hay una diferencia entre los líderes de los dos bandos y los soldados, entre la retaguardia y la trinchera. Aquí tiene la influencia del gran Manuel Chaves Nogales.
En conclusión, este libro es una buena novela, pero que el lector no haga caso de la exagerada publicidad que ha recibido —«la mejor novela de la Guerra Civil española»—, porque no lo es ni de lejos.











