He
intentado leer «Fundamentación para una metafísica de las
costumbres» (1785. Gredos, 2023) de Kant. No he sido capaz de leerlo sin ayuda
externa. A parte de la introducción de este libro, me han ayudado «Kant: El
giro copernicano en la filosofía» de Joan Solé (EMSE EDAPP, 2016. Edición
Kindle) y un vídeo en https://youtu.be/CJoVGkWU5Yc?si=_VZhOCmQlMH-sxVo
«Fundamentación para una metafísica de las
costumbres» es un libro corto, pero denso. Para seguir delante, en cada página,
he actuado por deber. No me ha divertido, entonces, ¿por qué he seguido? He
continuado por un deber que no buscaba ningún interés o conseguir un objetivo
personal. Para Kant si yo hubiera leído y publicado este texto para demostrar
al mundo lo inteligente que soy estaría actuando bajo un imperativo hipotético,
es decir, leer no es obligatorio por sí mismo, lo hago porque quiero presumir
de que no he entendido al alemán. He actuado con el deber por un interés sin
ninguna pretensión en sacar beneficios personales, en otras palabras, si he
actuado sin buscar el interés personal estoy ante el imperativo categórico, que
debo hacer desde el punto de vista de la moral, independientemente de lo que yo
quiera hacer.
Mi ejemplo de la lectura no es preciso, pero
se puede trasladar a un hecho práctico: una persona ayuda a otra necesitada
para que sus vecinos lo miren con buenos ojos (imperativo hipotético), en
cambio, otra lo hace por deber, porque ha razonado que es lo correcto. No hace
falta que tenga compasión, es más, quizás la segunda persona ha tenido un mal
día y está enfadada, tan cabreada que no le apetece ayudar al necesitado, pero
igualmente lo hace porque sabe que tiene que hacerlo. No actúa movido por la
compasión (Kant llama a estas emociones «inclinación». Por otra parte, hay una
foto del glosario del libro en la que sale la definición kantiana de la
«voluntad». Concepto muy importante para leer este libro). Para el filósofo la
segunda opción es la correcta y no la primera. Puede parecer que Kant defiende
una moral fría, pero no crítica los buenos sentimientos de las personas siempre
que reconozca su deber.
En la página 20 escribe que «yo nunca debo
proceder de otro modo salvo que pueda querer también ver convertida en ley
universal a mi máxima», es decir, actúo según leyes que sean universalmente
buenas. Un ejemplo sencillo: voy a pedir dinero a un amigo sabiendo que no se
lo puedo devolver, pero voy a mentir asegurando que lo haré cuando sé que
miento. Si traslado esta acción para todos es evidente que no habría confianza
entre las personas.
En las páginas 47 y 48 escribe que «el
imperativo práctico será por lo tanto este: obra de tal modo que uses a la
humanidad, tanto en su persona como en la persona de cualquier otro, siempre al
mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio». La moral no puede
basarse solo en lo que a mí me gustaría que me hicieran, sino que tiene que
apoyarse en un principio racional que pueda valer para todos. Kant va más allá
del tópico «lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas tú a los demás».
No defiende que nunca podamos utilizar a otra persona como medio (si pago a un
fisioterapeuta para curar cualquier dolor del cuerpo lo estoy utilizando como
medio), porque es imposible. Lo incorrecto es olvidar que toda persona tiene su
propio fin, su capacidad de decidir. No se debe instrumentalizar a esa persona
machacando su autonomía. No puedo pagar al fisio para la rehabilitación de los
tendones de mi hombro y luego aprovecharme de él para que escriba este texto.
Lo he intentado, pero me ha dicho que tengo que respetar nuestro trato y que no
le engañe, porque, entonces, no respeto la dignidad humana. Y tengo que
respetar la dignidad de todo el mundo, incluido la mía, así que, sería un golpe
a mi dignidad si yo voy a una entrevista del trabajo y el responsable de
Recursos Humanos me contrata para hacer un trabajo que, luego, resulta que me
responsabilizo de otras tareas que no se me dijo en la entrevista, o me obligan
a hacer horas extras sin cobrarlas bajo amenaza de despido si no lo hago. Me
parece que casi nadie ha leído a Kant. Yo tengo derecho a defenderme, sin
embargo, según Kant, tengo que hacerlo sin negar la dignidad del responsable
que me ha engañado.
Un poco más adelante sigue «un reino de los
fines» (buen título para una novela) en el que se práctica «la idea de la
voluntad de cualquier ser racional como una voluntad que legisla universalmente».
Cada individuo actúa como miembro de una comunidad de seres racionales que se
dan una ley moral universal. Cada persona tiene la capacidad de razonar que
leyes pueden ser universales o no, morales o no. No se limita a obedecer leyes
morales externas como un borrego, sino que es capaz de reconocerlas mediante su
propia razón. Que se actúa con moralidad no significa que obedezca una norma
externa ni se inventa una regla en la que sale beneficiado, sino llegaría el
caos. Cada persona se reconoce como autora y destinataria de una ley moral que
debe ser válida para todos los otros seres racionales. Kant llama a este
concepto «autonomía». Luego está la «heteronomía», que es cuando la voluntad
recibe un principio externo que le beneficia personalmente, regresamos al
imperativo hipotético.
Las últimas páginas del libro el alemán
reflexiona sobre la libertad y su relación con la obligación moral. La libertad
no consiste en satisfacer los deseos de uno mismo, sino en poder orientar la
voluntad mediante la autonomía de la razón. Sin embargo, el filósofo reconoce
que la libertad no se puede demostrar que exista. Tenemos que suponer que
existe desde el punto de vista práctico para comprendernos como agentes
morales.
Hay otros conceptos de los que no escribo
para no alargar el tema, el tema de la voluntad es importante, pero aquí está
la base de «Fundamentación para una metafísica de las costumbres», que lo he
leído por la escritura de mi última novela. Si ha sido útil eso es algo que el
tiempo y vosotros diréis.











