domingo, 10 de julio de 2016

Ana y Pepe

Ana y Pepe

Ana y Pepe eran dos primos de tres años, jugaban siempre en la habitación del niño cuando la madre de Ana iba a ver a su hermana gemela. Ana y Pepe eran muy amigos, se estimaban mucho, no obstante, exactamente ellos no sabían aún que era el amor o la amistad, simplemente jugaban y se lo pasaban bien.
-        Quiero probar algo – dijo Ana una tarde.
-        ¿Qué? – preguntó inocentemente Pepe.
-        Lo he visto en la tele…

Ana besó a Pepe, fue un beso con lengua. El primo no sabía exactamente qué era lo que hacían. Sintió un escalofrío por todo el cuerpo, un goce extraño. No era el típico encanto sexual de un adulto, era más bien un mareo que le provocaba un contradictorio bien estar. Hasta sentía un pequeño dolor por la laringe ya que a tan corta edad su cuerpo era muy sensible a cualquier ataque con napalm. Ana sentía una sensación parecida, no sabía qué era exactamente aquello del beso pero le gustaba morrearse con su primo. Continuaron aquella tarde intercambiando sus fluidos, si bien, debido a su corta experiencia no hicieron nada más. Al fin de semana siguiente, cuando las madres mandaron a sus inocentes hijos a la habitación de Pepe para jugar. Ana se tumbó directamente al pequeño cuerpo de su primo y se fusionaron sus almas. No era sexo, era amor, el sexo es sucio y placentero, no obstante, aquellos dos niños sentían extraños sentimientos que no entendían: era inocencia, pureza, comodidad, respeto, no sabían qué era el incesto… sólo imitaban a unos actores de quizás una película barata que había visto Ana en la caja tonta. Casi no sabían hablar pero sí besar, un logro para dos católicos. Volvieron a repetirlo las siguientes semanas aunque la historia terminó rápida ya que sus respectivas madres se pelearon por la herencia de la fallecida abuela tras un infarto inesperado. Pasarían muchos años hasta que las dos familias hicieran las paces. Ana y Pepe eran dos jóvenes con sus respectivas parejas. Los dos se acordaban de aquellos momentos, sin embargo, jamás lo mencionaron por vergüenza y por miedo a que su primer amor no recordarse aquellos días tan gloriosos.

lunes, 13 de junio de 2016

Casi me mato

Casi me mato


La historia que voy a contar sucedió hace dos años en el día de hoy. No me quería. Nadie me quería. Me veía feo e inferior a cualquier persona. Una día, harto de mi soledad y de mi marginación en este mundo decidí suicidarme. ¿Qué mis problemas eran estúpidos comparados con un niño tercermundista? Poco me importaba a mí todos los problemas del mundo, sólo pensaba en mí.
No sabía cómo morirme. Siempre he sido muy cobarde en todos los aspectos de la vida. Nunca me he atrevido a plantar cara a nada ni a nadie. Pensé en abrirme las venas, pero era demasiado lento ¡dejaría el baño hecho un desastre! Mi asistenta se cagaría en mi tumba. Tampoco España es los Estados Unidos, país en que todo el mundo tenía una pistola o escopeta para reventarse la cabeza como Kurt Cobain.
El metro era la solución. Tan sólo tenía que tirarme y cerrar los ojos… lo otro era cosa del conductor. Por fin se acabaría mis sueños solitarios. Mis domingos aburridos por la tarde sin nada que hacer preparándome psicológicamente para aguantar otra dura semana en el trabajo.
Llegué al metro. Aún quedaban cinco minutos. Lógico en un domingo por la tarde. Pasó el metro, no me levanté. Tenía demasiado miedo. ¿Qué pasa si hubiese un cielo? ¿Iría al infierno por matarme? Salí a calle para fumar mi último cigarrillo, el cual no me sentó muy bien.
Volví a bajar y espero de pie mi final. Sudo sin para y hasta tiemblo. Pero por fin llega el metro, en aquel momento ya estoy decidido en matarme. No pienso en mi vida ni en si aún me queda alguna esperanza. Únicamente quiero que todo acabé de una vez. Cuando hago un pequeño impulso de saltar, notó el roce de una mujer joven y guapa. Una preciosa rubia de ojos azules con una piel blanquísima. La cual con un acento de rusa, me dice:
-        ¿Se encuentra bien, señor?
-        No mucho.
Sin decir nada más, sin saber qué decir. Pensando que ni para suicidarme valía me fui de ella diciendo “hasta luego”. No quería llorar, no quería que me viese llorar. Pero no aguantaba, me conformaba con aguantar hasta la calle sin mis lágrimas pero iba acostarme mucho… lo que jamás esperé fue el comentario de ella.
-        ¿Se iba a suicidar verdad?
-        Perdón…
-        Si. Lo he notado, no sé cómo, pero lo sé – me quedé en blanco, no sabía qué decir. Ella volvió hablar – Venga conmigo, por favor.
Ya dentro del vagón, ahora me alegro de acabar dentro y no abajo, hablamos un poco. Le conté que tenía veinte ocho años. Trabaja en una biblioteca y vivía solo desde hace un año porque mis padres se habían ido a vivir a su pueblo, lejos de la ciudad. Ella me preguntó por qué estaba tan triste, yo no respondí…
-        ¿Es soltero? – me preguntó.
-        Sí.
-        ¿Le ha dejado la novia? Por eso está tan triste.
-        La verdad es que nunca he tenido novia – confesé avergonzado.
-        ¿Y eso?
-        No soy muy guapo y como persona soy un desastre.
-        Seguro que tiene muchas cualidades de las cuales usted no valora – dijo ella.
-        ¿Cómo te llamas?
-        Ana
-        Yo Onofre.
-        Onofre es un nombre poco común – dijo ella sorprendida.
-        Como yo.
-        Esta es mi parada ¿me acompañas?
-        Sí.
Obedecí como un perro. Fui tras ella como la rata que siempre habría creído ser. No sabía dónde íbamos, ni me importaba, la verdad es que ni lo pensé. La curiosidad únicamente me picaba para saber quién era esa chica. Finalmente fuimos a su casa, no tardamos mucho. No había nadie en ese momento, me dijo que vivía con tres rusas más. Ahí me explicó un poco más su vida.
-        Yo me ganó la vida en tu país como puta.
-        ¡¿Qué dices?! – dije sorprendido.
-        ¿Nunca has ido?
-        No – negué ofendido.
-        Por eso estás tan jodido, no voy a darte ninguna clase teórica, en este autoescuela se empieza por las practicas.
¿Qué más puedo contar? Esa muchacha me devolvió la alegría de vivir por unos instantes ¡Qué placer! ¡Qué diosa del sexo! ¡En unos minutos cambió toda mi vida! Resucitó la esperanza en mí y ya no me sentía tan feo ni inferior a nadie. Era algo brutal, había perdido tanto tiempo.

No volví a ver a Ana no tampoco hizo falta porque desde aquel día no he pasado penurias grandes en mi vida. Hasta que conseguido ligar, aunque algunas veces aún me equivocó, no por eso pierdo el valor ni el optimismo. Desde entonces tengo claro que quiero vivir, y sí quiero volver a morirme, tan sólo tengo que hacer tal como dice la canción Casi me mato de Barón Rojo: “de vuelta a casa vi la solución, lo más seguro es la televisión, con una dosis de publicidad es suficiente para palmar”.

domingo, 15 de mayo de 2016

Con el Corazón

Con el Corazón es el primera relato que escribí hace diez años. Un cuento divertido, alegre de un escritor de 23 años . Espero que os guste. 

Con el Corazón

Quiero mucho a mi coche, es una de las maravillas de esta vida de las cuales más aprecio y por eso siempre intento cuidarlo con máximo estupor. Mi imagen puede parecer del típico prototipo de persona que le gusta tunear su automóvil y correr a velocidades tan elevadas que te hacen sentir una sensación magnánima, sin embargo, suelo ser bastante prudente a la hora de conducir.
Para mí fue algo anómalo darle al coche de  mi vecina del aparcamiento mientras estaba estacionando, fue un error. Colisioné con el guardabarros y un poco con el parachoques, al principio de la maniobra estaba entrando de cara y sentí un poco el roce del coche de la vecina, cuando quise retroceder fue cuando le di en su automóvil ya que no giré el volante al otro lado creyendo que los dos automóviles no estaban tan juntos. En general la gente suele decir que esto me pasó por exceso de confianza, perdí el respeto y a este amigo nunca hay que perderlo, sólo tenemos que “deshacernos” de nuestro siempre fiel y odiado miedo. Pero esta no es la historia en concreto que quiero contar, sino la consecuencia de mi desventurada acción. Aunque para entender lo sucedido primero voy a retroceder un poco, así se entenderá la causa de este cuento un poco mejor.
Mi coche en aquel momento era mi receptáculo tras la ruptura de una relación de tres años con mi ex-pareja sentimental. No voy a vituperarla ya que el aburrimiento había llegado a su máximo esplendor en esta relación, no obstante, a mí no me importaba en absoluto porque lo había aceptado como hacen a diario todas las parejas duraderas y pensaba que ella también estaba conforme. Me equivoqué, me dejó por un compañero de su universidad, alegando que gente con 21 años como nosotros no podíamos encerrarnos en tan pocas experiencias porque perder el tiempo era perder la vida. Yo en un principio me lo tomé a mal, me había acomodado en esa vida, aunque ahora que escribo estas líneas le doy toda la razón y le estoy agradecido por tomar ella esa decisión.
Mi hastío y mi exceso de confianza fueron las dos causas del accidente. No sabía qué hacer en un principio, finalmente le dejé una nota con mi número de teléfono móvil para poder quedar y hacer el parte de lo sucedido. A la tarde siguiente me llama una mujer de unos treinta años con una voz segura:
-      Hola, soy Natalia. He visto tu nota en mi coche. Te agradezco tu detalle, poca gente hubiese actuado como tú. Por cierto: ¿Cómo te llamas? No lo pusiste en tu nota.
-      Me llamo Juan. Gracias a ti por tomártelo todo tan bien. ¿Cuándo puedes quedar?
-      Si quieres quedamos en mi casa, vivo encima del parking. En la portería número sesenta y nueve, cuarto segunda.
-      Está bien, yo vivo dos calles más abajo. ¿A qué hora?
-      A las seis de la tarde ¿Puedes? – preguntó ella.
-      Sí, ahí estaré. Nos vemos mañana entonces. Hasta luego – dije yo.
-      Hasta mañana.
No volví a pensar, únicamente pensaba en mi desgracia, en el asunto hasta que entré en su casa y la vi. ¡Qué beldad! Metro casi ochenta, sino llegaba. Un pelo moreno y liso que le pegaba con esos ojos castaños, que contrastaban con su piel blanquísima y que todavía lo perfeccionaba más con ese suéter de líneas lilas y negras; sus pantalones azules marinos hacían juego con sus botas negras. El resto diré que era apreciable para los ojos superficiales de cualquier persona que le guste las mujeres. Nos pusimos en la mesa de lo que se podría decir un despacho personal,  ahí había un libro con una pintura que ella copiaba. En un principio me callé por ser cortés, poco duré en mantener callada mi curiosidad ya que cuando acabamos el parte -diez minutos como mucho duró su trascripción-, le pregunté qué era esa pintura.
-      Estoy intentando copiar Le déjeuner sur l`herbe de Édouard Manet.
-      No tengo ni idea de pintura… - dije avergonzado.
-      ¿Estás en la universidad? – me interrumpió ella.
-      Estudio informática en un ciclo superior de formación profesional ¿Qué representa esta pintura?
-      Nada en particular. Lo que hoy en día se diría un picnic. Esta obra para mí significa mucho, no por su tema, sino por todo lo que ha pasado… pero, bueno, no te voy agobiar con eso.
-      No, no me agobias. Cuéntame un poco, sin hacer un gran monólogo – nunca una pintura me había llamado la atención, pero entre Natalia que era muy atractiva y esa chica desnuda que salía en el cuadro me moría de ganas de saber qué pasaba por la cabeza de la copiona de pinturas.
-      Manet pintó este cuadro en 1.863 en la época del impresionismo en su Francia natal. Esta pintura fue criticada por sus coetáneos por representar una mujer desnuda y por su uso de la técnica pictórica que usaba colores planos. No mucho tiempo después Manet fue modelo para los impresionistas. El artista nunca se vio en ese estilo, pero esta obra se califica como tal.
-      ¿Y lo copias por cuestiones de trabajo o simplemente es un hobby? – intentaba penetrar en su mente, ya no pensaba en mi ex novia. Pensaba que sería fantástico hablar con una mujer tan bella y culta…
-      Tengo la carrera de artes gráficas, pero no sé cómo he acabado criticando películas en una revista de cine. Esto lo hago como algo muy personal. Yo me siento igual que este cuadro en sus principios: rechazada por la hipocresía de la sociedad. Quizás he nacido en una época demasiada conservadora. Yo hubiese pegado más en la Grecia Clásica.
-      ¿No eres…? Perdona… - estaba muy confundido, pensaba que si era lesbiana se había ido por los suelos mi sueño erótico.
-      Estoy casada, pero mi marido y yo… como te lo diría, intercambiamos parejas… así el sexo no se hace aburrido. No sé qué me pasa contigo, contándote toda mi vida por las buenas.
-      Perdona, mejor que paremos.
-      No, ahora te toca a ti.
Me quedé cortadísimo. Comencé hablando de mis estudios, en seguida pasé por mi coche. Mi monólogo se estaba haciendo demasiado tábano, en ese momento me di cuenta que si tenía alguna posibilidad de acostarme con ella tendría que hablar de mis intimidades, ya que si era ella quien cortaba mis palabras a la vez me rechazaría por inseguro, algo que no gusta en las mujeres. Al final le expliqué porque cogía tanto últimamente el coche y mis sentimientos… para que se entienda: se lo expliqué todo.
-      Ahora que eres joven tienes que aprovechar el tiempo. Tu ex tiene razón. Con el paso del tiempo os hubieseis arrepentido los dos. Aprovecha el presente para conocer gente nueva.
-      ¿Gente como tú? – no podría creer lo que estaba diciendo, pero en esos momentos no hablaba ni mi corazón ni mi cerebro.
-      ¡Qué poca vergüenza que tienes! – podría parecer un comentario grosero, sin embargo, tenía una mirada muy pícara – Te saco nueve años, nos acabamos de conocer… hasta para mí esto es una experiencia nueva. Vamos un momento a mi habitación.
No le pregunté nada, no quería estropear nada, cuando entramos en su habitación solamente me dijo:
-      ¿Te piensas que el número de mi portería es por casualidad?
No diré mucho más que pueda perturbar la mente del lector avispado que ha cogido esta directa al vuelo como yo lo capté en su momento. El resto se puede imaginar. Después de hacer algo tan maravilloso como es esta posición le dije:
-      Me apetece comer dos turrones de azúcar.
-      Está bien, casualidad que yo tenga dos de los que quieres tú y sin silicona.
Y finalmente ella culminó diciendo:
-      ¿Te gusta el golf?
-      No sé, nunca he jugado – me quedé en blanco.
-      Está el juego tradicional, aunque mi marido y yo jugamos de esta manera: consiste en impeler con un palo especial una pelota pequeña para introducirla en una serie de hoyos abiertos en un terreno extenso cubierto ordinariamente de césped, aunque algunos como el mío están segados por una máquina corta césped. En este campo donde estamos tú y yo sólo hay un agujero, además el palo únicamente consta de una funda, aunque corte un poco el placer del tiro, asegura que el golpe no tenga después connotaciones negativas ambientales para el campo del golf, tranquilo es igual de divertido.
Esta historia puede parecer sacada de una película de Celia Blanco, pero querida gente, fui protagonista de esta increíble aventura. Después de jugar al golf dos veces, y fumarnos el tradicional pitillo, dentro de mí hervía la etiología de lo sucedido:
-      Natalia… - no sabía cómo comenzar.
-      Dime, se sincero, no tengas vergüenza – me animó ella.
-      ¿Cómo ha pasado esto? Yo no lo sé.
-      La verdad es que cuando te he visto me has gustado. Mientras estábamos haciendo el parte pensaba en lo divertido que sería hacerlo con un joven y más en nuestras circunstancias. No conozco a nadie que le haya sucedido algo así. Mi marido dice que podría ser escritora por mi gran imaginación.
-      ¿Y por eso me has hablado de ti?
-      Sí, quería inducirte poco a poco. No ir directamente. En el fondo sé que deseabas hacer esto y poco a poco veías más posibilidades. Cuantas más crecían tus esperanzas, a la vez más loco estabas por llevarme a la cama.
-      Tienes razón ¿Cuándo llega tu marido? – pregunté asustado.
-      No te preocupes – dijo Natalia - No llega hasta dentro de dos horas. Normalmente no suelo hacer esto. Él y yo siempre hablamos antes de tener una relación sexual con otra persona, ya sea cuando vamos a un club que hay para gente como nosotros o alguien que hemos conocido en la vida cotidiana. Aunque no siempre es así, a veces tenemos resbalones. Nos lo contamos y mientras no exista el amor, todo perdonado.
-      Nunca había conocido a alguien como tú, Natalia. La verdad es que estoy muy sorprendido. La gente convencional suele ser tan cerrada.
-      Tú lo has dicho, Juan: “la gente convencional”. Ellas y ellos viven en su mundo aburrido e hipócrita. Tienen miedo de lo que piensen las personas, cuando todos tenemos el mismo vicio, en cambio, unos se ocultan tras una máscara cívica utópica. Hay que ser fuerte, la gente que crítica muchas veces lo hace por envidia porque yo soy libre, hago lo que quiero y soy una mujer con una emoción estable. No me quemo como ellos, es ahí donde salen los violadores, maltratadores y las mujeres se convierten en marujas cuyo único sentido en su existencia es amargar a la gente que queremos aprovechar la vida. Su misión es la de convertirnos como ellas y ellos porque no pueden soportar pensar que han desaprovechado su vida por culpa de su falsa moral impuesta por la sociedad y la familia. Y tú no tienes que preocuparte más por lo de tu ex. Que te rompan el corazón puede ser una de las peores maldades de este mundo. Con tu juventud lo superarás y si tienes ganas de vivir prueba varias mujeres porque a nadie le gusta comer pollo cada día. Ahora bien, no confundas el gozar, con el romper corazones. Los extremos no son buenos, busca el equilibrio, algo que no es fácil, pero si se consigue puedes disfrutar mucho de la vida.
La conversación duró un poco más antes de que yo me marchase de ese piso, nada importante para anotar aquí. Quedé con ella dos veces más, luego dijo que ya tendría que buscarme a otra porque ella para repetir ya tenía a su marido, que era a quien amaba. También apuntó que los tres primeros años con su amor fueron totalmente fieles, sin embargo, cuando se fue la etapa de enamoramiento de locura transitoria y quedó un amor racional ya no les molestaba estar con otras personas. Su marido, según ella, era su hombre para toda la vida, no se veía con otro. Los demás, según Natalia, éramos menús del restaurante al que solía ir ella. Yo no objeté nada. Escrito así puede parecer muy fría y egoísta la filosofía de Natalia, ella puede estar muy confiada de que nunca se va enamorar de otro hombre, no obstante es su ideal y del ideal a la práctica siempre hay un paso. Siempre hay posibilidades de que crezca el amor con otra persona, aunque para ella eso no es suficiente miedo para reprimirse en una vida acomodada. Al igual que es imposible que yo me acueste con chicas y no les rompa o me rompan el corazón. Esto es ley de vida y nadie puede evitarlo.

Gracias a Natalia fue más fácil superar lo de mi ex, aunque me costó unos meses de dolor. Con el tiempo volví a tener interés por las mujeres y a tener una vida más entretenida que en tiempos pasados. 

sábado, 6 de febrero de 2016

Maribel

Maribel

Estaba yo tomando unas cervezas tranquilamente en un bar de mala muerte de mi barrio. Mis acompañantes esa noche fueron Pepe, Julio, Enrique y su novia María. Pepe, Julio y yo llevábamos toda la tarde bebiendo cerveza en ese bar, el cual nunca antes habíamos ido, luego fuimos a cenar con Enrique y María para luego volver al mismo bar a tomar más cerveza. Ya estábamos yo y mis dos amigos en un estado un poco ebrio, aunque controlando nuestras locuras. En el momento de una plática amable y educada con el camarero del bar, nos contaba su vida en su Pakistán natal, entró una mujer rubia de más de cuarenta años, una cara fea, un poco arrugada y con una nariz muy grande y torcida pero un bonito cuerpo, sus tetas y su culo aún se mantenían en una buena posición y no tenía grasa, lo cual era algo maravilloso para alguien de su edad, no obstante, percibí que habría problemas al ver esa mirada de loca. Pidió un gin tonic en la barra y se fue a la mesa a beber sola, malo pensé yo, una mujer sola más tarde de las doce la noche significa que está loca, sobre todo si tiene más de treinta años, teniendo en cuenta que la rubia tenía o aparentaba más de cuarenta no daba buenas señales de su salud psicológica. Seguimos nuestra conversación hasta que la rubia nos interrumpió para preguntarnos el número de alguna agencia de taxis.

-        Yo tengo un número – dijo Enrique.
-        ¡OH! Que bien – respondió la rubia –, es que he quedado con mi querido.
-        Mira – Enrique enseñó el número a la rubia.
-        Gracias, voy a llamar – se fue a la calle, hizo que llamó y volvió al bar a jodernos de nuevo – No lo coge la agencia de taxis, he llamado a mi querido y tampoco lo coge, estoy preocupada, he quedado con él en Plaza España. Ahora a lo mejor no lo veo, menuda mierda.
-        ¿Es tu novio? – Preguntó Enrique, mientras Pepe, Julio y yo intentábamos ignorarla, el bueno de Enrique y María escuchaban con un gran corazón la historia de la rubia.
-        No, es mi amante, somos amantes, él es marroquí, llevamos cuatro años viéndonos a escondidas – respondió la rubia.
-        ¿Y eso? – Dijo María, lo que faltaba pensé, le están dando protagonismo a esa loca y ni siquiera se dan cuenta.
-        Yo llevó casada casi veinte años pero de vez en cuando me veo con mi marroquí, mi amante es amigo del camarero ¿verdad? – El camarero respondió afirmativamente con un gesto de la cara – Y hoy había quedado, pero… - la muy loca se calló, hablaba con los ojos muy abiertos, como una farlopera, no paraba de mover la cabeza y estaba muy nerviosa, yo intenté sacarla de nuestras vidas.
-        Tienes acento de pija – le dije sin ton ni sol, todos me miraron sin saber a qué venía tal comentario, era cierto, era una estupidez pero quería librarme de esa petada.
-        ¡OH! ¡OH! – Gritó algo más – Tú eres un racista, me dices eso porque mi novio es marroquí, eres un ignorante, un cabrón, un gilipollas, pues que sepas que ese camarero paquistaní me pone más que tú, no eres tan guapo como crees – santo dios, encima yo le molaba, tales palabras de una mujer no podrían expresar otros sentimientos, mientras decía todas esas gilipolleces me miraba de una manera obsesiva, no movía para nada los ojos, sólo se centraba en mí y todavía tenía los ojos más abiertos.
-        Jeje – se río el bullanguero de Pepe – Te equivocas mucho… mmm...… perdona no sé tu nombre.
-        Maribel.
-        Bien, Maribel, mi amigo Lorenzo es una gran persona, no tiene ningún problema con los inmigrantes, es más, hasta hace poco salió con una negra, tengo que confesar muy espectacular, una negra que él la trató como una reina, te lo puedo asegurar, y fue ella quien lo dejó, no él.
-        ¡Pobre! Lo siento, Lorenzo ¿por qué te dejo?
-        Cuestiones muy privadas, lo siento – respondí yo.

Creí que siendo zafiro podría esquivar una larga y pesada conversación, sin embargo, ella cogió uno de los taburetes y se sentó a mi lado con una cara cariñosa y una sonrisa maquiavélica, no paraba de mirarme fijamente y a mí eso me molestaba. Julio, que se encontraba de pie a mi izquierda, se alejó de mí y de Maribel ya que no se fiaba nada de ella. En cambio, Pepe, que se encontraba a la izquierda de Julio, se posicionó cerca de mí ideando un plan para echar unas risas con o de Maribel. La pareja estaba a la derecha de la rubia, también sentados en taburetes, escuchando las paridas que soltaba esa loca, mientras no paraba de mirarme con esa puta sonrisa y para colmo con su mano tocaba la mía, lo cual lógicamente a mí me producía una nueva opinión sobre ella, uno no es de pierda y más con un cuerpo bonito, ya había olvidado la cara.

-        Sois unos críos – dijo Maribel - ¿cuántos años tenéis?
-        Veinte uno – respondieron Pepe y Enrique.
-        Veinte tres – respondió María.
-        Veinte cuatro – respondí yo, Julio no se dignó ni en responder ya que estaba hablando de no sé qué con el camarero, Maribel tampoco le hizo caso, sólo estaba por mi cuerpo - ¿y tú?
-        Cuarenta y dos.
-        No son tantos, guapa – ya he dicho que uno no es de pierda y más con esa mano por mi cuerpo.
-        Sois muy niños – volvió a decir – mejor así, aprovechar ahora.
-        ¡Claro! La vida es para vivirla – dijo Enrique.
-        Si, sin duda, mi vida es una mierda – en ese momento se acabó su copa y se pidió otro cubata de esa ginebra de mierda que tenía el camarero pakistaní. Maribel bebió un largo trago.
-        ¿Por qué dice eso? – Preguntó Enrique – La vida puede tener contragolpes, pero hay que saber llevarlos.
-        No los míos – respondió Maribel, mientras yo deseaba que la pareja cerrase la boca.
-        ¿Qué te pasa? – Preguntó María, maldita sea.
-        Vosotros no podéis comprenderlo, sois muy jóvenes – dijo tristemente mirando el suelo.
-        Quizás te podamos ayudar – argumentó estúpidamente Enrique.
-        Claro – le defendió María.
-        No lo creo. No sabéis lo que es llegar a casa y que tu marido te trate como una mierda. Que te diga que eres una mierda constantemente, que te pegué, que te humillé cada día – dijo Maribel con la mirada perdida.
-        Tienes que dejarlo – opinó María.
-        Tengo un hijo de catorce años y una hija de once, trabajo sólo cuatro horas limpiando una casa ¿con qué dinero voy alimentar a mis niños?
-        Con el dinero que tendría que pasarte tu marido – respondió Enrique.
-        No me lo pasaría, me lo ha dicho.
-        Denúnciale – argumentó María.
-        No sirve de nada.
-        Vete con tu amante – volvió hablar María.
-        No, no puedo romper mi familia.
-        No la rompes, la ayudas – dijo otra vez María.
-        No es tan fácil como tú crees.

Dijo Maribel ya un poco irritada por los comentarios de mis buenos amigos, eso sí, a mí no paraba de mirarme igual aunque ya no me tocaba, cuando acabó esa frase fui yo quien le acarició su mano diciendo lo valiente que era, pero fui breve, sabía que ser muy pesado sería un grave error, mientras Pepe estaba callado ya que entendía que con un tema tan en serio no se podía hacer broma, Julio seguía la conversación con el camarero, Maribel le dio otro largo trago a su copa, Enrique tras ver su adicción al alcohol tuvo unos ideas… clasifícalas tú que lees este cuento.

-        Maribel, eres tú quien te creas los problemas.
-        ¿Qué?
-        Si. No afrontas tu vida.
-        ¿Cómo la voy afrontar? – Dijo ella irritada ante tales comentarios inocentes.
-        Maribel, engánchate a la vida – aquí apuntó estuve de hablar para callar a Enrique pero no me atreví.
-        Quieres que te demuestra mi día a día.
-        Te lo agradecería mucho – Maribel se colocó justo en frente de mi amigo y lo miró duramente a los ojos, la expresión de la loca cambió totalmente - ¿De dónde vienes? ¿EH? ¿De dónde vienes? Te he dicho de dónde vienes, de dónde vienes pedazo de mierda, que eres una mierda, (aquí Maribel pegó un guantazo al pecho de Enrique) pedazo de puta (le pegó otra vez pero más fuerte), guarra de mierda…

Maribel pegó con mucha más fuerza a Enrique y sin parar de mover la cabeza gritando “pedazo de puta”, sin querer tiró su cubata, su pelo largo y bien recogido se deshizo por tanto movimiento violento y dolor, la pobre loca lloraba mientras la agarramos, el camarero fue a tranquilizarla, habló un rato con ella, ésta le decía todo el rato que su amado le estaba esperando, que era lo mejor de su vida. El paquistaní volvió a la barra para poner otra copa a Maribel, pobrecilla, su vida había sido pisada por un cerdo, encima se inventaba historias absurdas como su amante marroquí, entonces lo comprendí todo, comprendí las miserias del mundo, lo absurdo de los ideales, la perdida del tiempo de algunos en hacer el bien, quien era malo era, es y será dueño del mundo, los demás únicamente somos peones insignificantes, por eso, simplemente por eso aún pensaba en follármela, un polvo rápido para tranquilizar mis hormonas, un aquí te pillo y nunca más te veo, era cruel, lo sé, sólo cumplía con nuestras leyes más íntimas, con nuestra naturaleza, nuestro tabú, era un simple ser primitivo que no olvidaba su verdadero ser, que sabía donde vivía, también era consciente de la perdida de tiempo en poder ayudar a una persona, no obstante, Enrique y María insistían en poder hacer algo por ella, era imposible, al menos para nosotros, cómo gente de veinte pocos años podríamos comprender a esa pobre víctima de cuarenta y tantos, ni me podía imaginar su sufrimiento, lo mejor, era consolarla, sin consejos, sólo los engreídos, los estúpidos dan consejos, yo nunca he dado y nunca he escuchado ningún consejo, soy un libertino de mente, de espíritu. A veces, es mejor dar simplemente un abrazo cariñoso, yo es lo que hice con Maribel, para poder tranquilizarla, pero Enrique volvió a querer ser bueno.

-        Maribel…
-        Perdona ¿te he hecho daño? – Preguntó Maribel tras cambiarle otra vez el carácter.
-        No, no me has hecho daño – respondió Enrique – es más, te agradezco que me hayas pegado para poder comprender tu situación.


Santa inocencia, pero no bendita por nuestra sociedad o la gente que nos rodea. Ni Maribel pudo contener una sonrisa tras aquel comentario, me gustaría decir que este cuento es pura ficción, no puedo, es totalmente autobiográfico. La loca nos dijo que éramos muy buena gente, fue un momento al lavabo, los cuales se encontraban subiendo unas escaleras circulares. Mientras ella estaba arriba Pepe me animó a subir, “es tuya, si quieres” me dijo, tenía razón, yo lo sabía, sin embargo, no era nada ético, pero el alcohol de mi cuerpo borró toda bondad posible. Sin decir nada subí yo también a los servicios, la esperé mientras hacía que me lavaba las manos en la pica, ella salió, me miró, cuando iba a hablar, la abracé y la besé, ella me dejo hacer. De repente paró y me dijo que era un crío, sólo respondí “ya ¿y?”. La llevé dentro de los servicios de caballero y la besé más, ella me bajó los pantalones y me masturbó para luego introducir mi verga en su boca. No duró mucho la felación, paró enseguida, le bajé los pantalones, me puse el condón (siempre llevo encima, nunca sé sabe lo qué puede pasar) y la penetré con mucha violencia, pareció gustarle, tenía un coño muy grande y peludo, yo soy de la nueva generación y como buen miembro me gustan los coños depilados o con poco pelo, no podría ni imaginarme comer un coño peludo, tenía experiencias anteriores bastante negativas. Se la metía como quería, fue un polvo de mierda, me corrí, por fin tranquilicé mi cuerpo y bajamos, “la próxima vez hay que cerrar la puerta”, bromeé, ella sonrió un poco, no hablaba nada. Cuando bajamos el camarero me miró mal, él era su amante, no me importaba, yo ya había terminado. La conversación siguió con ese caos, Maribel hablaba poco, el paquistaní iba a cerrar ya el bar, María iba a coger su bolso cuando vio que lo tenía Maribel, ésta se hizo la tonta diciendo que no se había dado cuenta, lo sentía mucho. Nos fuimos de ese antro y nunca más volvimos, el camarero cerró la persiana con su amante. Lo jodido de ese bar es que está en mi calle, cada día paso aunque no siempre recuerdo a esa loca, a esa pobre mujer. Con el tiempo he encontrado a más mujeres o hombres de la misma generación de Maribel que estaban muy locos, la generación del caballo, una generación perdida, personas que andan borrachas o drogadas a altas horas de la madrugada por el barrio, buscando una plática o una pelea que les quite por fin la vida, no tienen miedo de la muerte, el castigo para ellos es la vida.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Una plática

Una plática

Era sábado por la noche e iba a dormir después de un desastroso día, había perdido otro concurso literario y ya iban diez con este, no había ganado ninguno, quizás mis relatos cortos eran demasiado políticamente incorrectos o simplemente no era un buen escritor. Estaba un poco desanimado, me emborraché pero eso no mejoró nada, me acosté solo porque no tengo novia (¿a caso sería escritor si tuviese una pareja?) y cuando estaba a punto de dormir me despertó una voz.

—Jaime…
—¿Quién es?
—Jaime, despierta.
—¡Soy pobre! ¡No tengo nada! —me levanté asustado pensando que era un ladrón, pero vi la figura de Friedrich Nietzsche—. ¡No puede ser! Eres igual que Nietzsche.
—No, te equivocas, soy Dios.
—¿Cómo va ser Nietzsche Dios cuando era ateo?
—Cuando bajo al mundo lo hago en formas de personas ateas, me divierte, soy muy cínico.
—No lo dudo, Dios, sólo hay que ver cómo tratas al mundo… —me callé un momento, no me creía del todo que aquel Nietzsche fuese Dios—. Transfórmate en otra figura humana, si eres Dios podrás hacerlo sin problemas — volví a hablar.
—Claro, ¿alguna persona en particular quieres?
—Sí, Lucey Duvalle.
—¡Oh! Esa pecadora, está bien, lo aceptaré porque necesito tu ayuda.

Dios se transformó en aquella beldad negra, así sería difícil tener una plática sería con alguien que decía ser Dios, no obstante, de este modo me animaría un poco. Tras estar unos segundos con la boca abierta por ver ese cuerpazo volví hablar.

—Ahora sí creo que eres Dios.
—Me alegra escuchar eso, Jaime.
—¿Qué quieres de mí?
—Ayuda.
—¿Ayuda?
—Sí, tengo problemas morales.
—Yo no puedo ayudarte, Dios, soy un fracasado, no hago nada bien.
—Escribes.
—Sí, pero casi nadie me lee, debe ser que soy malo.
—No es porque eres malo, eres sincero escribiendo, escribes la realidad y a la gente no le gusta leer lo que está sucediendo realmente en el mundo, es más fácil leer novelas más alegres.
—Yo hablo de la realidad desde un toque desenfadado, un poco cínico, como tú diriges este mundo, Dios.
—Jaime, por eso necesito tu ayuda, eres sincero y no te da miedo decir lo que piensas. Si me hubiese aparecido a cualquier otro tipo de persona no me hubiese tuteado como tú, es más, me tendría miedo, en cambio, tú no has hecho nada de eso.
—Porque yo nunca he leído la biblia, mi señor.
—No seas irónico, de momento no.

No podía creer que estaba hablando con el creador en forma de Lucey Duvalle tan familiarmente a mí, que era ateo, se me había presentado el Todopoderoso y no era para convertirme en creyente, era Él quien necesitaba ayuda, me impacienté y exigí que fuese rápido para explicarme sus problemas, por fin me contó sus inquietudes.

—No creo en mí.
—Bueno, la hemos liado entonces si Dios Todopoderoso no cree en él… —miré a esa figura y rectifiqué—, perdón, si ella no cree en sí misma.
—Hace mucho tiempo que tengo dudas sobre mi figura, es realmente positiva para el mundo, realmente existo… en fin, no sé, he complicado mucho la creación del universo.
—No lo dudes, Dios.
—Necesito tu ayuda, no tus duras críticas de ateo.
—Es por eso que tendrías que hablar con un creyente, te ayudaría mejor que yo.
—No, me tienen miedo, son unos pelotas como lo llamáis vosotros en la Tierra.
—Está bien, Dios, explícame el origen del problema.
—Todo empezó en el siglo diecinueve, primero fue Joseph Proudhon, Karl Marx y Mijail Bakunin. Estos tres individuos me hicieron dudar de mí mismo, qué hice, me había convertido en el opio del pueblo según Marx, aunque Bakunin fue más lejos, según él deberían matarme si realmente existiera, ¡matarme a mí! Mataría a su propio creador, me cuesta de creer en los ateos como tú, Jaime, es duro para mí.
—Me hago una idea, Dios —intenté animarlo.
—Sin embargo, hubo un individuo que aseguró al cien por cien que yo no existía sin ninguna dosis socialista, era el único ateo de aquella época que me caía bien, era Friedrich Nietzsche y aseguró que yo había muerto, no entendía que si yo había muerto él no podría existir.
—Su mensaje era otro, señor.
—Me lo explicó cuando murió y subió al cielo a hablar conmigo.
—Me cuesta creer que Nietzsche esté en el cielo.
—Tendría que haber ido al infierno por ateo pero hurté su alma a Satán —Dios rió como un pícaro.
—Señor, irá al infierno.
—Jaime, nadie puede condenar a quien reparte al pastel y más teniendo en cuenta que está en otra dimensión.
—Es cierto, por eso creo que eres un tirano, nos puteas en la vida y nos prometes una quimera después de la muerte, no entiendes que el paraíso tendría que ser en la Tierra, no pido la inmortalidad pero sí la paz, la libertad y la felicidad.
—Pensaba que no eras socialista.
—No lo soy porque es una idea creada por el hombre, el hombre ha salido de ti, nada bueno puede salir de ti ni del hombre.
—Eres muy cruel conmigo, Jaime.
—Alguien te tendría que haber dado un sermón hace tiempo. Eres como el empresario que todo el mundo teme y nadie es capaz de decirle que su empresa poco a poco acabará arruinada, cuando llega la desgracia todo el mundo se lamenta pero ya es muy tarde, en la Tierra hace años que estamos lamentándonos.
—Os di la libertad, quiero que seáis felices por vosotros mismos.
—Sí, pero creaste a unos monstruos —me callé un momento y volví hablar—. De tal palo, tal astilla.
—Hasta sacrifiqué a mi hijo por vosotros, desde entonces está raro con los judíos, se ha hecho musulmán sólo para fastidiarlos.
—Me cuesta ver a Cristo de musulmán, señor.
—Pues créetelo, ha dejado el vino, eso sí, aparte de Magdalena tiene tres esposas más, tonto no es mi hijo.
—Lo ves, no has hecho nada a derechas. Sacrificas a tu hijo para sufrir con nosotros, sé que padeces viendo nuestra autodestrucción, sin embargo, no entiendo en qué pensabas cuando nos creaste ¿por qué tanta maldad? ¿Por qué somos tan egoístas y tan autodestructivos? ¿Por qué no nos conocemos? ¿Por qué no das señales de vida?
—Son muchas preguntas, Jaime, intentaré responderlas todas de golpe. Mira, hijo, en el cielo todo es bueno y en el infierno todo es malo, son dos mundos tristes y pobres en contenido, mundos muy simples y aburridos, quise crear un mundo rico, bello y complejo, primero creé la Tierra y muchos siglos más tarde a vosotros. Sois mi obra maestra, nadie os entiende, he recibido muchas críticas por vuestra creación.
—¿Tienes críticos en el cielo? —corté a Dios sorprendido.
—Sí, todo lo he creado yo… bueno, no me distraigas, como te decía me superé a mí mismo con vosotros. Sois divertidos, absurdos pero a la vez inteligentes y curiosos, sois bellos y sentís una mezcla de emociones y colores que en el paraíso o infierno no existen. Sois mi cara y mi cruz, mi orgullo y vergüenza porque sois capaces de hacer el acto más bello que existe como el más atroz, yo hice la base y os dejé libres para expandiros, me equivoqué, no soy perfecto por mucho que lo crean mis fieles, fuisteis en un principio solo un experimento…
—¿Un experimento como hacen los científicos con los monos?
—Mejor no se puede explicar, Jaime. No obstante, con el tiempo os cogí mucho cariño y me entregué totalmente a vosotros, me decepcionaba ver vuestra maldad, me entristecía mucho, sabía que os había creado libres pero de vez en cuando me manifestaba con la intención de salvaros de la maldad, mi último intento fue con Cristo, fue mi último fracaso, desde entonces os he dejado como una quimera, como yo para ti… es más, me da vergüenza bajar a la Tierra porque está hecha una mierda.
—¡Dios! No digas tacos.
—¡Yo creé los tacos! —dijo Dios indignado.
—No te enfades, Dios, no te enfades… —me callé para pensar en una solución, mandé callar a Dios para pensar, después de unos cinco minutos se me iluminó la bombilla—. Tengo una idea, vamos a ir a la calle, a los sitios normales, así verás el mundo tal como es.
—Me parece una buena idea.
—Una cosa, Dios.
—Dime.
—Transfórmate en un hombre normal, con este tipo todos los tíos te van a intentar ligar.
—¿Tener relaciones sexuales? —preguntó Dios dudando.
—Sí, follarte.
—¡Oh! Descarado.

Dios se transformó en Sigmund Freud, era otro ateo que le hacía gracia, cada segundo me sorprendía más la personalidad del Todopoderoso. Eran las dos de la noche y yo era consciente que únicamente encontraríamos a jóvenes y a cuatro locos. Fuimos a un pub del centro de la ciudad que era uno de los más tranquilos de la zona, en ese local había gente treintañera solitaria que buscaba pareja desesperadamente, como yo, vamos, creí que sería un buen sitio para ver la frustración de la gente. El local era grande y constaba de asientos cómodos y mesas para tener charlas amigables, no había pista de baile pero sí una barra larga y grande. Nosotros nos pusimos en la barra, Dios me pidió que no hablase, quería escuchar todas las conversaciones y leer la mente de la gente, me dijo que eran dos sentidos para él que podía coordinar sin ningún problema. Dios escuchaba y me invitaba a copas, me parecía un buen trato, a mi lado había dos chicas que parecían de mi edad, no eran muy bonitas aunque teniendo en cuenta que hacía tres meses que no tenía relaciones sexuales era algo que no me importaba mucho, sin olvidar que ya iba un poco cargado de alcohol y había perdido la vergüenza. Hablé con ellas y parecía que se interesaban por mí, era un buen principio, las invité a una copa a cada una, todo iba bien hasta que Dios me dijo de irnos, había tenido suficiente.

—No me jodas, Dios, estas tías quieren rollo —le dije en voz baja para que nadie nos escuchase.
—No, estas señoritas únicamente quieren reírse un rato de ti.
—Mentira.
—Puedo leer la mente.
—Lo dices para que nos vayamos.   
—Sólo tengo una manera de demostrártelo. Cógeme de las manos.
—¿Qué?
—Cógeme y sabrás lo que piensas estas chicas, lo que he leído en todas las personas de este local.

Agarré las manos de Dios y leí las mentes de las dos mujeres, era cierto, únicamente estaban conmigo porque creían que podrían beber gratis, luego irían a la discoteca e intentarían cortejar a un caballero. No me enfadé por los pensamientos de las señoritas, estaba acostumbrado a encontrarme con personas así cada dos por tres, independientemente del sexo. Luego llegaron todos los pensamientos y sentimientos de las personas de la sala y fue algo que me destrozó. Había un hombre que presumía delante de sus amigos de una vida exitosa en casi todos los terrenos de su vida, decía que le gustaban demasiado las mujeres para estar con una sola cuando en realidad se sentía un desgraciado por su soledad y su incapacidad por entenderse con el sexo femenino. Había otro hombre solo en la barra del bar que bebía güisqui, era un policía honrado desilusionado de la vida tras ver la corrupción del cuerpo y reconocer de una vez su utopía: mejorar la sociedad. En otra mesa había una pareja callada a punto de separarse porque no podían tener hijos, ambos no habían superado tal problema y se sentían vacíos e impotentes, la posibilidad de la adopción para ellos era absurda. En las máquinas tragaperras un cuarentón se gastó los ahorros de su hijo, cuando se acabó el dinero fue cuando despertó del vicio y se dio cuenta de su error, se fue llorando del local. En el lavabo una chica de veinticinco años hizo una felación a un caballero que le dijo que era un productor musical y buscaba una cantante como ella, cuando la chica se dio cuenta de que era mentira fue cuando le llamó al teléfono móvil y escuchó que el número no existía. Se puso a llorar desconsolada sintiéndose peor que una prostituta, al menos cobran. A parte de leer los pensamientos y sentimientos de los clientes del bar, también me llegaron las frustraciones de mucha gente del mundo, comprendí qué siente cuando una mujer es violada, viví la extrema pobreza que pasan millones de personas cada día en la Tierra, sentí tanta hambre como los niños africanos, me cansé igual que un trabajador chino con su jornadas eternas en cualquier fábrica, también me llegaron los dolores físicos de los enfermos de sida o tumor, enfermedades psicológicas o el síndrome de abstinencia de un drogadicto… Y muchas más frustraciones, desilusiones y tristezas sentí, fue tal mi impotencia que salí corriendo a la calla y lloré de tanta impotencia.

—¿Cómo aguantas tantos sufrimientos? —le pregunté a Dios.
—Soy fuerte, aún tengo un poco esperanza en vosotros.
—¿Por qué?
—Sois mi mejor creación. Ninguna raza más tiene tantas diferentes personalidades como la tuya, hay hombres introvertidos, extrovertidos, inteligentes, ignorantes, sensibles, duros… en fin, os creé con mucho esfuerzo y cariño, sin embargo, no calculé bien algo. Pensé que el bien ganaría al mal, quién sabe, aún se puede ganar tal batalla.
—Dios, me equivoqué contigo, no eres un tirano, sino un idealista sensible al que se le fue de las manos su experimento. Tu misión aquí es crear una nueva idea de ti, estás totalmente desfigurado en la Tierra. Aún sabiendo que existes, aún creyendo que esto no es un ataque esquizofrénico… todavía creo que puede haber una vida feliz sin tu mensaje y sin tu idea, no obstante, creo que mucha gente necesita la idea de ti, saber que existes para ellos es un gran alivio por su vacío espiritual. Si la idea que tiene la gente de ti cambiase todo podría ir un poco mejor.
—Me gustaría creerte, Jaime, seguro que esa nueva idea mí sería utilizada por algún déspota para su aprovechamiento personal.
—Sí, me había olvidado de los políticos y el Vaticano.
—No pienses mucho en política, es una mala influencia para la felicidad. Por desgracia con la religión pasa exactamente lo mismo.
—A mí lo que más me ha hecho feliz ha sido el arte.
—Entonces sigue, Jaime, escribe todo lo que sientes. Gracias a esta noche podrás construir personajes más complejos, más oscuros, una filosofía más madura. Colabora en la construcción de un nuevo mundo a raíz de tu literatura.
—Nunca he escrito para los demás, sólo para mí.
—Eso está muy bien, ahora eres joven pero ya te darás cuenta con el tiempo que tus relatos ayudan a las personas, tienes que ser paciente.
—Supongo que tienes razón.
—Soy Dios, siempre tengo la razón.

Dios rió suavemente, yo lo seguí. Me acompañó a casa y se despidió de mí, no dijo nada importante aunque me comentó que estaba más animado al hablar conmigo por mi buen corazón. Le había gustado mi idea de una reforma sobre Él en la Tierra aunque tendría que pensarlo detenidamente en el paraíso. El problema era que al tener todo la eternidad quizás tardaría siglos en decidirse, era un ser tranquilo que quería hacer el bien en la Tierra. No podía dar señales claras de su existencia porque sería matar la libertad que nos dio, tendríamos que seguir sufriendo porque la libertad es una responsabilidad más que un placer, aunque con los años esa responsabilidad se convierte en una paz espiritual de la que tanta gente anhela. Dios no es un ser perfecto, es lógico, si fuese perfecto nosotros también lo seríamos ya que venimos de su imagen. También hay que tener en cuenta que la energía solo se transforma y un ser perfecto no puede cambiar a otra forma, sería contradictorio porque al ser perfecto no puede modificar ni mejorar su imagen.


Meses después de mi encuentro con Dios cambié un poco mi estilo literario y parece que conseguí más atención por parte de la gente. No alteré mucho mis ideas pero mis relatos ganaron en madurez, algo que únicamente se consigue con los años. Actualmente todavía no vivo de la literatura, sigo trabajando como bibliotecario pero hoy me han notificado que he ganado mi primer concurso literario, es el principio, poco a poco voy creando un río agradable para nadar, sigo construyendo y nadando.

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