sábado, 20 de septiembre de 2014

La soledad de un anciano.

La soledad de un anciano.

Andrés se quedó sorprendido cuando le notificaron el fallecimiento de su exmujer y madre de su único hijo. Ella se llamaba Sofía y tenía sesenta años, murió a causa de un cáncer de pulmón (era una gran fumadora). El hijo se llamaba Rafael y tenía treinta y ocho años, estaba casado con Inés desde hacía cinco años y tenían una hija de tres. Rafael no llamó a su padre, fue Paco, el hermano pequeño de Sofía. A Andrés no le sorprendió, “es normal”, pensaba Andrés, “llevábamos diez años sin vernos, aún me odia y yo nunca lo he querido como tendría que hacerlo un buen padre”. Andrés recordó cuándo fue la última vez que vio a su hijo, había sido uno de los peores días de su vida. Pero para comprender la historia entre Andrés y Rafael hay que empezar desde el principio, aunque será un resumen breve.

Andrés era un actor afincado en Barcelona de gran importancia tanto en el ámbito español como internacional, desde su juventud se ganó la vida con el cine, ahora bien, también era famoso por su hedonismo desenfrenado. Las aventuras de Andrés eran contadas por la prensa amarilla de la época: tuvo centenares de amantes, se gastó fortunas en joyas para conquistar a las mujeres más bellas del mundo, tuvo problemas con el alcohol… poco a poco perdió la simpatía de la gente por su conocida vida personal. Sin embargo, lo que destrozó la carrera del actor fue las fotos comprometidas en las que Andrés tenía relaciones sexuales con una menor de edad. Dejó de tener ofertas de trabajo a raíz de su relación con la menor y su carrera se desplomó. Andrés estaba desesperado pero su agente personal, llamado Esteban, encontró la solución: actuar también en la vida real. Buscaron una novia para Andrés, Esteban conocía a Sofía porque era la hija del portero de su bloque, la joven había dejado los estudios y no encontraba trabajo. Sofía era una mujer muy bella e inocente que no había visto mundo, nunca había estado con ningún hombre y no conocía la maldad de éstos. Jamás llegó a pensar que Esteban le presentó a Andrés sólo por puras cuestiones comerciales, a ella siempre le habían gustado las películas del actor y aceptó encantada en conocer a un gran artista. Esteban le dijo que Andrés necesitaba una sirvienta en su piso, también le comentó para animarla que, aunque no fuese un éxito la entrevista, Sofía conocería a su actor favorito. La conexión entre ambos fue placentera y natural, se podría decir que al actor le gustaba la forma de ser de la chica, contrató a Sofía pero no la cortejó pasado un tiempo, así se lo había aconsejado el agente, Sofía era una chica muy introvertida y se asustaría fácilmente con la personalidad desgarradora de Andrés. Poco a poco el actor fue abriendo su espíritu a Sofía, pasado unos meses le abrió totalmente su corazón o al menos eso pensaba Sofía.

—Sofía, guapa, para de trabajar… —calló Andrés por los nervios de su actuación.
—¿Qué le pasa?  —Sofía estaba preocupada, parecía que Andrés iba a desmayarse.
—Hemos pasado mucho tiempo juntos estos últimos meses… —Andrés habló rápido y mirándola a los ojos, ella miraba al suelo.
—Sí —Sofía no entendía nada.
—No quiero que trabajes más aquí —dijo severamente Andrés.
—¿Qué? —Sofía lo miró a la cara, estuvo a punto de llorar­—. ¿No está contento conmigo?
—Mucho, demasiado.
—No le entiendo.
—Te he dicho mil veces que me tutees.
—Perdón.
—No pasa nada —Andrés se sentó en una silla, miraba a una pared porque una parte de él no quería aprovecharse de un alma cándida como Sofía pero sabía que era su única solución—. No puedo verte más… me da tanta vergüenza… la verdad es que te he cogido mucho cariño, demasiado. Sé que has oído decir de mí un montón de tonterías, es cierto que he cometido algunas locuras pero no sé si es la edad o conocerte a ti me ha hecho cambiar mi estilo de vida, hace tiempo que no estoy con ninguna mujer, no puedo, sólo quiero estar contigo, pero honradamente, haciendo las cosas bien porque me he enamorado de ti, así que te despido y quiero que seas mi novia y quién sabe si mi esposa, ¿tú sientes lo mismo?

¿Qué iba a responder Sofía? Era su sueño hecho realidad, ella también quería a Andrés, le gustaba ese hombre dominante y sobrado en sus maneras, le excitaba ver su dureza y maldad, no sabía a qué jugaba. La prensa amarilla publicó enseguida la relación de la pareja, con los meses todo el mundo se sorprendió del cambio de Andrés y éste tuvo otra vez trabajo y mejor pagado que nunca. Se casaron al año siguiente, ella tenía veintiún años y él treinta y cinco, la edad nunca fue un problema y todo el mundo elogiaba a la mujer que hizo cambiar al actor. Al año siguiente nació Rafael y la felicidad de Sofía era completa, sin embargo, Andrés tenía una doble vida porque el sexo con Sofía era muy convencional y aburrido para alguien como él. El actor era consciente que no podía estar con amantes porque era algo que llamaba la atención, había otra manera de estar con mujeres bellísimas, sádicas y que fuese como un secreto de estado, la solución era una agencia de escorts. Andrés podía permitirse el lujo de pagar cantidades muy grandes por estar unas horas con prostitutas de lujo. Sofía no sospechó nada porque ella no controlaba la economía familiar, su vida se resumía en ser una mantenida: gimnasio, dietas y salones de belleza. En estos lugares hizo amistad con varias mujeres con su mismo estatus social, en algunos aspectos fueron una mala influencia porque fue cuando empezó a fumar, también le aconsejaron ser una mujer más fuerte, más independiente y menos confiada con su marido. Fue el día del quinto aniversario de Rafael cuando Sofía descubrió las infidelidades de su marido. Éste dejó el teléfono móvil en la mesa y a ella le entró la curiosidad, sabía el pasado de Andrés y hacía tiempo que habían empezado a aburrirse uno con el otro, quizás tendría alguna amante y quería saberlo, llamó a un número y se puso una voz de mujer que tan solo dijo: “Andrés, ya hemos contactado con Naomi para que esté en el hotel a las seis…”. Sofía colgó, no entendía nada. Se fue a hablar con Andrés y tuvieron una discusión fuerte.

—¡No me digas que me tranquilice, Andrés! ¡Me estás engañando!
—Te estoy diciendo que es solo para hacer una prueba a una actriz.
—No te creo, en los hoteles no se hacen castings.
—Tú no sabes cómo va el mundo del cine.
—Pero tampoco soy la tonta que conociste.
—Cariño, Sofía… escucha, yo te quiero —dijo Andrés con mucha frialdad.
—¡Cállate! —Sofía era una persona muy dócil y servicial aunque cuando alguien conseguía ofenderla o irritarla sacaba un carácter muy agresivo y desconocido para al resto de la gente—. Mírame a la cara, a los ojos y di que nunca me has engañado, ¡Dios! A saber cuánto tiempo hace que te ves con esa chica, lo que no entiendo es quién era la mujer del teléfono.
—Su representante —Andrés estaba tranquilo, parecía que aquella discusión no fuese por culpa de él y sólo fuese una víctima, actuaba mejor que en sus películas.
—¡Ahora lo sabré!

Sofía cogió el teléfono móvil y volvió a llamar, Andrés, asustado, le quitó el teléfono y la miró fijamente a los ojos, no dijo nada, sólo vio como ella se fue de casa llorando. Sofía sabría toda la verdad el mismo día, dolorida, fue a hablar con una de sus amigas ricas y ésta le contó la teoría de una empresa de chicas de compañía. Su amiga le dijo que era algo normal, en su relación con su marido pasaba exactamente lo mismo, cada uno tenía sus amantes y convivían juntos por compromiso social o quizás ni ellos mismos lo sabían, le aconsejó a Sofía hacer lo mismo, ésta se negó en redondo. Sofía volvió por la noche a su casa para llevarse a su hijo (en el momento de la discusión estaba en el colegio y lo recogía la sirvienta) e irse al hogar de sus padres, no estaba Andrés, Rafael estaba con la sirvienta, “seguro que está con esa puta”, pensó ella. Sofía se llevó ropa, se fue con el niño y sacó todo el dinero posible de sus cuentas corrientes y tarjetas de crédito por si Andrés las anulaba.

Se divorciaron, Sofía no tuvo piedad de su ex y le sacó todo lo que pudo, continuó con su vida y no tuvo que trabajar. Sofía prometió guardar silencio y no decir la verdad a la prensa amarilla a cambio de una cantidad económica bastante suculenta. La custodia de Rafael fue adjudicada a la madre, el padre lo vería uno de cada dos fines de semanas y era algo que le gustaba Andrés, no le apetecía ver mucho a su hijo.

En los siguientes años Andrés vio poco a su hijo y cuando lo veía no lo trataba con mucho cariño, el actor siguió con su vida sexual caótica pero tuvo que dejar el alcohol porque el cuerpo se resentía, sufrió mucho pero lo consiguió. Continuaba utilizando el servicio de escorts pero también tenía amantes, con la diferencia que se aseguró de no provocar más escándalos públicamente como en el pasado. Sofía se casó con Francisco, un empresario importante de ideas conservadores como ella y estarían juntos hasta la muerte de ésta. Pero Sofía sabía cómo vengarse de su ex, apuntó a su hijo a clases de interpretación desde pequeño, también le enseñaron inglés y francés, poesía y todo tipo de arte. Andrés nunca se preocupó por la vida de su hijo y no objetó nada, a veces, Rafael iba en ayuda de su padre para que convenciese a su madre para dejar esa vida estresante, Andrés sólo contestaba que “es por tu bien, hijo”. Andrés nunca pensó que su hijo podría triunfar en el mundo del arte, sin embargo, Rafael hizo teatro a partir de los doce años y se convertiría en su gran pasión, pero cuatro años después superó una prueba para el papel de un adolescente en una película de producción española. La película fue un éxito de taquilla y de crítica, se descubrió un joven actor que prometía mucho y decían que era mucho mejor que su padre, Sofía se había vengado mucho antes de lo esperado en su mente.

Andrés no se alegró nada del éxito de su hijo, intentó hablar con él y convencerlo de que era muy joven para un mundo tan complicado, habló con Sofía (algo que siempre intentaban evitar los dos) para que dejase a su hijo respirar, ella se negó, sabía el verdadero motivo, le dijo que era un envidioso y él lo negó todo pero no pudo convencer ni a Sofía ni a Rafael. A partir de ahí vería poco a su hijo y éste lo trataría con la indiferencia que recibió en su infancia, presumía delante de su padre de haber llegado más lejos en el mundo de la interpretación, Andrés no aguantaba tales provocaciones y en más de una ocasión tuvieron fuertes discusiones. Siguieron pasando los años, Rafael maduró y mejoró sus interpretaciones, combinaba como podía su trabajo en el teatro y en el cine, algunos proyectos cinematográficos fueron fracasos rotundos pero no desanimó a Rafael, aprendió de la experiencia y a ser más exigente en sus ofertas de trabajo, como dijo una vez en una entrevista ya siendo maduro recordando su juventud: “Mi problema de joven era que quería destacar como actor, no me fijaba tanto la historia o el mensaje, sólo si el personaje podía hacer demostrar mi gran valía, con los años me he vuelto más humilde y cuando acepto un guión es por muchas causas que no tiene que ver nada conmigo”. Andrés también siguió su trabajo pero ya no tenía tantas ofertas porque se estaba haciendo mayor. Un día, cuando volvía de la casa de una de sus amantes, vio a Sofía que le esperaba en el portal de su casa, se sorprendió mucho, no recordaba la última conversación con ella, subieron y Sofía fue directa al grano.

—Estoy preocupado por Rafa —dijo Sofía muy seria.
—¿Le pasa algo? —Andrés pensaba que sería una ridiculez.
—Pasa que es sangre de tu sangre.
—No entiendo, Sofía.
—Es como tú con las mujeres, con el alcohol… una persona autodestructiva.
—Es normal que una persona joven quiera divertirse.
—La semana pasada estuvo con dos mujeres a la vez. Lo sé porque me lo ha contado su agente, él también está preocupado, tiene miedo de que acabe como tú, hundiendo su carrera.
—Yo me recuperé —Andrés supo al segundo que había cometido un error.
—Destrozando mi vida.
—Perdona, pero gracias a mí nunca más has vuelto a trabajar.
—Eso no quita que he sufrido mucho.
—No digo que no.
—Dejemos de hablar de nosotros, tienes que hablar con él.
—A mí no me hará caso.
—Andrés, has sido un mal padre pero ahora puedes hacer algo por tu hijo.
—Quizás yo estoy de acuerdo con su vida.
—No quiero que se muera de cirrosis.
—Si yo pude dejar el alcohol, él también.
—Vas a hablar con él.
—No creo que sea una buena idea, Sofía.
—Lo vas hacer o iré a la televisión a hacer una exclusiva contando tu vida, tu mentira.
—No me lo puedo creer, tú nunca harías tal maldad.
—Hasta lo haría sin cobrar, lo hago por nuestro hijo.
—Sofía, tú antes no eras así, eras buena persona… —Andrés no pudo acabar la frase porque lo interrumpió Sofía.
—Tú me has vuelto así, te he odiado durante mucho tiempo, supongo que en el       fondo era un amor resentido, un amor muy fuerte pero todo eso se acabó, habla              con él.

Era cierto que Sofía había cambiado con el paso de los años, había cogido una gran confianza en sí misma y su candidez se había transformado en dureza y desconfianza a las personas en general y a Andrés en concreto. Éste aceptó hablar con su hijo, no por preocupación, era consciente que tenía una edad que le costaba encontrar papeles para interpretar y una nueva polémica sobre su vida privada sería su fin. Al día siguiente Andrés llamó a Rafael, éste estaba en Barcelona trabajando en el teatro y quedaron esa misma tarde para hablar, el joven no sabía el verdadero motivo. Hacía dos meses que no se veían, en el estreno de la obra de Rafael, a todo el mundo le encantó la interpretación del joven pero su padre la criticó, acabaron peleados y desde entonces no se habían llamado. A Rafael le había sorprendido la llamada, aceptó quedar con su padre pero ni él mismo sabía el motivo, quizás tenía alguna esperanza de hacer las paces con él aunque tendría que suplicar Andrés para perdonarlo. La plática fue muy fría al principio pero Andrés sacó valor y le contó la preocupación de su madre.

—Yo pensaba que querías verme y sólo me has llamado porque te lo ha pedido mamá —respondió Rafael indignado.
—No pienses mal de mí, hijo.
—Me has dado razones.
—Puede ser, puede ser…
—Además, tú no eres nadie para decir qué tengo y qué no tengo que hacer, sé muy bien tu vida, tus infidelidades con mamá.
—No estoy orgulloso de esa época, hice daño a una gran mujer.
—Deja de actuar.
—Escucha, hijo, no puedes estar por ahí pegándote la gran vida delante de todo el mundo, a la gente no le gusta porque ellos no pueden, tienen que trabajar, acabarás con tu carrera, yo estuve a punto, no digo que no disfrutes de las mujeres pero sí que tengas más cuidado.
—¿Cómo?
—No puedes confiar en tu agente, todo lo que te pasa se lo dice a mamá, es normal, ella lo contrató para ti cuando eras chico. Tienes que actuar a espaldas de él, no le cuentes tus polvos, tus orgías o lo que sea. Haces bien en disfrutar de las mujeres pero hazlo con más cautela, pero sí te recomiendo que dejes el alcohol, yo me arrepiento de haber bebido tanto, ahora estoy mucho mejor.
—Creo que es el primer consejo que me das como padre —rió Rafael—. Pero creo que tienes razón, sólo tengo una duda, cómo sé que tú no vas a decir nada a mamá, o peor aún, a la prensa.
—Porque yo soy como tú, si tú caes, yo caigo, si descubren lo tuyo, descubrirán lo mío.
—Ya veo, así que sólo miras por tus intereses, éste sí que es mi padre.

La conversación duró un poco más aunque no es nada importante para escribirlo en el relato. Rafael practicó el consejo de su padre y todo fue mejor, Sofía se tranquilizó y nadie sabía la verdad. Pasaron tres años más, Andrés y Rafael se continuaban viendo poco pero parecía que su relación había mejorado. Lo que ninguno de los dos esperaba era recibir la oferta de un productor para actuar juntos en la misma película. Sería un gran éxito de taquilla ya que la protagonizarían las dos grandes joyas de dos generaciones diferentes, y a ellos dos les iría bien porque taparían ciertos rumores que padre e hijo no tenían buenas relaciones. Ambos aceptaron aun sabiendo que ese guión no era espléndido.

Sin embargo, pasó algo inesperado para Andrés, éste se enamoró por primera vez en su vida. Era la actriz principal de la película y fue la gran disputa que haría romper totalmente la relación entre Andrés y Rafael. La actriz era Inés, una mujer bella e inteligente, tenía mucha cultura y su gran pasión era la pintura pero no nació con ese don, no era una mala actriz aunque con el tiempo seguramente sería olvidada. Andrés y Rafael se sintieron atraídos por Inés, según pasó el rodaje de la película y conocieron a la joven se enamoraron. Ninguno dijo nada al otro, ambos la cortejaron, la invitaron a cenar pero ella se negaba siempre hasta que acabó el rodaje y todo el equipo lo celebró con una cena de excesos. Andrés, poseído por Venus, e Inés, esclava de Baco, acabaron en los servicios de un restaurante, en tal lugar él intentó besarla pero ella se negó una y otra vez, Andrés acompañó a la actriz porque estaba baqueando y ella confiaba en el hombre maduro para ayudarla, pensaba que un hombre con su edad no hacía tales locuras pero se equivocó de persona. Andrés cada vez la abrazaba más fuerte e Inés a causa del miedo gritaba más, tuvo suerte, apareció Rafael que estaba vigilando toda la noche a Inés y al ver la conducta extraña de su padre con ella adivinó las intenciones de éste. Rafael separó a su padre de la actriz pero Andrés empujó a su hijo, éste, que estaba beodo y celoso, golpeó a su padre en la cara, Andrés se quedó paralizado y Rafael aprovechó para llevarse a Inés. Por suerte nadie se había enterado de nada, la actriz estaba muy asustada y quería salir fuera del restaurante para tranquilizarse. Ella lloraba y abrazaba a su defensor, durante el rodaje le había gustado la personalidad y cultura de Rafael, ella se abrazaba a él, no tuvieron hablar mucho para explicar sus sentimientos, tan solo con su mirada excitada se besaron. Lo que no esperaban era que Andrés estuviese detrás de ellos espiando, se había recuperado pronto del golpe y había oído la petición de Inés de salir del local. Andrés, loco de furia y de amor, no podía aceptar que la única mujer que había amado prefería a su hijo, él que era un actor menor, un ser inferior a él. El padre gritó algo inteligible y saltó encima de su hijo, éste intentó defenderse pero estaba demasiado beodo y no tenía muchos reflejos, fue entonces cuando los compañeros del rodaje escucharon toda la riña y salieron del restaurante para separar a padre e hijo. “Maldito cerdo, tú no eres mi hijo, ¿cómo has podido hacerme algo así?”, gritó desesperado Andrés,. “¡No quiero verte nunca más! ¡Nunca más!”, dijo Rafael.

Así fue, pasaron diez años hasta que se volvieron a ver, el lector sabe la información más básica y ahora podrá comprender la importancia de este nuevo encuentro. Andrés llegó después que su hijo a la sala del velatorio, llegó solo, en la antesala estaba Rafael con Inés, su hija y algunos familiares de Sofía como su marido o el hermano menor, todos se marcharon para dejar a solas a padre e hijo, sabían que tenían que hablar de muchos asuntos. “¿Estás seguro de que quieres estar solo?”, preguntó Inés a Rafael, “tranquila, no nos vamos a pegar delante del ataúd de mi madre”, respondió Rafael. Inés se fue con su hija sin mirar a Andrés porque le tenía miedo, éste miró de reojo a su nuera y nieta, ambas eran muy guapas.

—Tu hija es muy guapa —afirmó Andrés.
—Sí, es clavada a su madre.
—Tú también te conservas muy bien.
—Gracias… —Rafael no sabía qué decir.
—Yo, en cambio, mírame, ya soy viejo… —Andrés calló, tenía la mirada cansada y triste, Rafael nunca había visto así a su padre— tengo setenta y cuatro años…
—Siéntete afortunado, mamá nunca llegará tan lejos como tú —respondió Rafael con rencor.
—Por culpa del tabaco.
—Tú has tenido una vida más caótica que la de mamá y sin embargo tienes casi tres cuartos de siglo.
—Rafael, tú también tuviste una época sexual desenfrenada —dijo Andrés ofendido y con intención de vengarse.
—Fue una época corta, era joven y rico, podía permitírmelo todo. Cambié cuando conocí a Inés. Tú, en cambio, has hecho lo que te ha dado la gana durante toda la vida, nunca has sido fiel a nada y sólo has pensado en ti.
—Me equivoqué, mira como estoy ahora: viejo y solo. No trabajo casi nunca aunque tampoco importa porque tengo dinero hasta el fin de mis días, sin embargo, me he quedado sin amigos, no me quieren si no soy famoso, las mujeres me ven feo y un viejo verde, el deseo sexual se me ha apagado, estoy cansado, tomo medicación contra la depresión y voy a un psicólogo porque nadie más me quiere escuchar —Andrés habló lentamente, le costaba vocalizar y no gesticulaba mucho, había conocido la derrota.
—¿Qué te esperabas? Has pasado de todo el mundo que te quería bien, sólo te has rodeado de zorras o amigos interesados, tú en parte lo sabías pero pensabas que eras lo suficiente fuerte para superar cualquier obstáculo, fíjate ahora, te arrepientes porque estar siempre solo es horroroso. Ahora que ya no tienes la fuerza de la juventud ni puedes hacer tu voluntad porque tu cuerpo es débil te deprimes, has estado mal acostumbrado, eras feliz pero tanta felicidad se paga, tantas mujeres te han vuelto loco, tú una vez me dijiste que no era malo, para ti puede que no, para mí sí porque me desgastaba mucho y a ti finalmente te ha llegado llevar la cruz. Ya no eres independiente y para alguien como tú es peor que la muerte —Rafael habló calmado, pensando bien en sus frases, quería demostrar sus pensamientos exactos a su padre.
—¡Oh, Rafael! —Andrés miró al suelo porque estaba a punto de llorar—. Solo hay dos cosas de las que me arrepiento en esta vida: haber tratado mal a tu madre y mi comportamiento con Inés esa noche. La última noche que nos vimos fue cuando me di cuenta que era un monstruo pero ya era tarde cambiar. Me creía un ser superior, un artista por encima del bien y del mal, sin embargo, el tiempo me ha puesto en su sitio —Andrés no paraba de mover la cabeza de derecha a izquierda y se tapaba la cara con la mano—. Me siento tan desgraciado, la gente no me respeta ni me quiere, tengo mucho dinero y nadie con quien compartirlo. Todas las noches leo poemas de amor con la esperanza de encontrar otra mujer que perdone todos mis pecados, sería mi salvación —Andrés levantó la cabeza para mirar a su hijo y se quitó la mano de la cara—. No te rías, sé que solo es un ideal imposible para un viejo como yo.
—Jamás te había visto hacerte la víctima, realmente tienes que estar mal, te tienes que sentirte muy mal contigo mismo. Pero aún eres el mismo egoísta de toda la vida, nunca fuiste a ver a mamá al hospital y lo primero que has hecho al venir aquí ha sido hablar de ti.
—Nunca fui a verla al hospital porque me hubiese echado a patadas, ella me odiaba…
—Y qué te esperabas…  —Rafael no pudo evitar interrumpir a su padre.
—Tienes razón, sigo siendo egoísta, no lo dudo, ya no puedo cambiar, sólo te comento que estoy deprimido, que me siento desgraciado pero entiendo que no te produzca ninguna lástima y que quieras más a mamá que a mí.
—Te voy a contar un secreto que solo sabe Inés… —Rafael habló un poco inseguro, no sabía si hacía bien en contar algo tan íntimo a su padre.
—Sigue, hijo, sigue… —animó Andrés a Rafael tras ver que se había callado.
—A mamá tampoco la he querido, o al menos no la he querido mucho, déjame que te explique y después habla —dijo Rafael tras ver que su padre iba a abrir la boca—. Ella solo me apuntó a interpretación para vengarse de ti, solo se alegró de mis éxitos para hacerte daño a ti, no era por amor de una madre a su hijo, nunca fue eso. Mamá se convirtió en una persona vengativa y rencorosa por tu influencia, me exigía horas y horas de estudio, mató mi infancia y no fui muy feliz hasta que descubrí el teatro, era maravilloso poder cambiar mi carácter por otras grandes personalidades, poder ser feliz o más desgraciado me llenaba, el éxito del cine no me hizo sentirme bien, sobre todo porque mamá lo aprovechó para echarte en cara que yo era mejor actor que tú, yo también lo hice porque te odiaba, no podía perdonarte que me ignoraras, y más cuando yo te admiraba artísticamente, eras y eres un gran actor, has marcado una escuela y si yo soy bueno es porque me fijaba en tus interpretaciones, leía tus entrevistas para mejorar como actor… mamá nunca supo que tú fuiste indirectamente mi maestro, hubiese sido una gran decepción para ella, resulta bastante irónico al fin y al cabo… —Rafael calló, no le apetecía hablar más, Andrés estaba sorprendido, Sofía también había vivido una mentira como él.
—Me alegra saber que he sido útil para ti en algún sentido y siento mucho haber destrozado la vida de tu madre y la tuya.
—Yo he podido ser feliz gracias a Inés y a mi hija Julia.
—Me alegro, aunque no te lo creas, también me alegra saber que tu madre recuperó en parte su vida con un nuevo hombre.
—Tal historia es otra mentira.
—¿Cómo? —Andrés estaba sorprendido.
—Mamá nunca lo quiso tanto como a ti, creo que tú la desgastaste demasiado, le hiciste mucho daño y nunca pudo olvidarlo aunque ella lo intentó y mentía diciendo que era muy feliz con su nueva vida. Él es un buen hombre y quería mucho a mamá, ha sido fiel y aceptó no tener hijos con mamá, no adivinó que ella solo quería tener niños contigo. Creo que si hubieses cambiado un poco, solo un poco, hubiese vuelto contigo, sin embargo, aceptó matrimonio y trató bien a su nuevo marido aunque nunca fue feliz del todo.
—Todo lo que dices es una intuición.
—No, ella me lo dijo hace unos cuantos años. Cuando me iba a casar con Inés, habló conmigo porque no quería que diese un pie en falso en una unión tan importante, se puso a ella como ejemplo de infelicidad pero yo soy feliz —Rafael acababa de desviar la mirada, le costaba creer que estuviese hablando con su padre como si nunca hubiesen tenido problemas.
—Me estás vendiendo la moto, hijo, no me digas que eres el hombre más feliz del mundo —Rafael reconoció por fin a su padre aunque no tuviese la misma intensidad que en el pasado.
—Lógicamente mi matrimonio no es perfecto, pero tengo más buenos recuerdos que malos, otros no pueden decir lo mismo —dijo Rafael sarcásticamente.
—No, no puedo. Yo no quería ser uno más en esta vida, con sus lamentaciones de no tener relaciones sexuales o su vida aburrida, creía que sería feliz cambiando de mujer cada dos por tres, sin preocuparme de ellas, no me importaba darles dinero o regalos, es mejor que me roben los objetos que el alma, sin embargo, tienes razón, tal vida desgasta, ahora bien, no te equivoques, todo en esta vida desgasta, conozco muchos matrimonios que han desgastado tanto al hombre como a la mujer… —Andrés calló, se había cansado de tanto hablar, respiró un poco y apuntó—. Pero yo sólo he vivido de una manera y me gustaría saber qué se siente al tener un amor correspondido, fui feliz con mi hedonismo pero no comprendí que la vida son cambios, etapas y que hay que adaptarse a tales cambios, no lo hice y por eso soy infeliz. Sé que el amor no dura eternamente y que a muchos les ha hecho desgraciados pero igualmente deseo conocer a alguna mujer que me llene, que me haga feliz y sufrir.
—Nos enamoramos de la misma mujer  —dijo Rafael con rencor, no le había emocionado el discurso de su padre.
—Me enamoré de Inés porque era buena persona y la experiencia me ha enseñado que a las personas no hay que pedirles muchas virtudes, únicamente bondad, en parte me recordaba un poco a tu madre, guapa e inocente, has tenido mucha suerte y ella también —Andrés calló y se sentó en un banco ya que estaba cansado, Rafael lo siguió con la mirada pero no se movió de su sitio, pocos movimientos hacían en la plática debido a la tensión del momento.
—No seas tan pesimista, eres viejo pero nunca hay que peder la esperanza de encontrar a una persona  —Rafael quería consolar a su padre aunque no sabía exactamente el motivo.
—No, no puedo —habló Andrés con una voz baja y triste.
—No entiendo por qué.
—Hace un año me detectaron Alzheimer. Muy pocas personas saben que padezco la enfermedad, de momento no quiero anunciarlo públicamente, no me siento preparado.
—Lo siento —Rafael no sabía qué decir, se quedó sin palabras, se sentó al lado de su padre y lo abrazó, se compadecía de él, el último encuentro era ya del pasado.
—Me lo merezco, hijo, Dios por fin ha actuado correctamente.
—Tú no crees en Dios.
—Tu madre sí creía aunque de poco le sirvió… —Andrés calló, se atragantaba con las palabras, respiró y cogió fuerza para hablar de nuevo—. Me da miedo morir, no quiero morir, a pesar de no tener ilusiones quiero seguir viviendo, a pesar que no tengo casi amor a la vida pero es mejor estar vivo que muerto, me da miedo el dolor y sufrir más que la misma muerte, no quiero acabar olvidándome de ti, de tu madre y de mi carrera pero lo que más rabia me da es que cuando yo no esté, nadie se va acordar de mí como persona, únicamente como actor, me lo he ganado a pulso.
—Papá, no puedes estar solo…
—Estoy en una mutua, todo irá bien el día que no puedo cuidarme de mí mismo — interrumpió Andrés a su hijo.
—Yo no dejo de ser tu hijo y no podría aguantar en mi consciencia que te mueras solo.
—No he venido a pedir tu perdón, no lo merezco, tengo que pagar con mi culpa.
—No vale la pena autocastigarse, deja el orgullo por una vez en tu vida, tu enorme ego no te deja ver la realidad, en eso no has cambiado aunque ahora sí creo que estás arrepentido de verdad y eso es suficiente para mí.
—¿Y tu mujer?
—Es una buena persona, te perdonará.
—No sé si estaría a gusto después de lo que le hice ¡y ella! —Andrés tosió tras el grito. —Ella también estaría incomoda.
—Ha pasado mucho tiempo, no lo creo.
—Hijo, me alegra que me perdones pero no merezco nada más.
—Eres un viejo cascarrón —rió Rafael—. Hagamos una cosa, de momento sigues viviendo solo, poco a poco nos iremos viendo, conocerás a tu nieta y depende de cómo nos sintamos te vienes a vivir con nosotros, no seas pesado y acepta.
—Está bien —respondió Andrés tras pensar durante unos segundos.
—Vamos fuera, pensarán que nos estamos matando —concluyó irónicamente Rafael la conversación.



Había pasado una semana desde el funeral de Sofía, Andrés había acabado de leer un libro, estaba sentado en el balcón de su piso en el centro de Barcelona. Durante esa semana había estado hablando por teléfono con Rafael e Inés, ésta le había tranquilizado y perdonado para que se sintiese tranquilo cuando se viesen. “Mañana veré a mi hijo”, pensaba Andrés, “volveré a tener una familia, nunca pensaba que me apetecería tener una, en fin, las personas cambiamos mucho. A mí me ha costado tanto, ha sufrido tanta gente por mi culpa. Tengo que contarle a Rafa que mi última amante fue una relación de siete años, ¿cuántos años tenía yo? Creo que 61 y ella 30, la dejé cuando conocí a Inés, en ese momento no me arrepentí de nada, ella realmente me quería pero yo siempre la traté a distancia, nunca vivimos juntos aunque nos veíamos mucho, eso sí, le fui fiel pero no por amor, ya estaba cansado de buscar faldas como un veinteañero, no estuve enamorado de ella, era guapa y viciosa y yo no buscaba nada más”. Andrés reflexionó más sobre su vida, estaba tan vacío, el sufrimiento era un nuevo sentimiento para él y no sabía cómo salir, había comprendido que era débil y pobre de espíritu. “Soy un gran actor que interpreta magistralmente diferentes tipos de personalidades y sentimientos”, siguió pensando Andrés, “pero nunca me he parado a pensar sobre mi carácter, no he evolucionado porque pensaba que era el mejor. Qué pena, podría haber mejorado mucho mis interpretaciones pero estaba más pendiente de cualquier cuerpo femenino que de mi trabajo. Ahora estoy enfermo y todo ha cambiado, me queda poco de vida y mi única ilusión es la prosperidad de mi hijo y nieta, sí, yo, el mismo hedonista egoísta se ha vuelto un sentimental, quiero a Rafael, la conversación que tuve con él hace una semana me ha demostrado que me ha superado como persona y actor, desde su juventud fue mejor que yo, no podía aceptarlo por mi enorme egoísmo y ego, he tenido que estar solo y enfermo para alegrarme de los éxitos de mi hijo. Mañana jugaré con mi nieta, quiero ser un abuelo que la mime, su madre se enfadará conmigo por mis excesivos regalos, seremos una familia”. Andrés se dirigió a su biblioteca personal para poner el libro en su sitio y luego se fue a su habitación a acostarse a la cama, eran tan solo las diez de la noche pero le gustaba tumbarse en la cama y pensar. “Quizás si estuviese sano no habría cambiado aunque eso no lo sabré nunca. La vida ha pasado tan rápido y siento que he aprendido poco y que no he disfrutado del todo, me falta algo… soy un viejo arrepentido porque por primera vez sufre y eso me asusta, tengo miedo y me cuesta digerirlo pero no me queda otro camino que aceptar mi enfermedad, aceptar mi depresión y mi nueva vida. Tal vez Dios existe y cuando muera podré ir al cielo a pedir perdón a Sofía, ella tiene que estar contenta de mi nueva relación con Rafael, yo al menos tengo esperanzas y esta semana he estado más animado, espero no equivocarme como he hecho toda mi vida, no lo haré, quiero que salga bien”. Andrés se imaginó su reunión del día siguiente con Rafael, Inés y Julia. Esa noche estaba nervioso y le costó dormir, cuando lo consiguió no tuvo sueños, se habían acabado en su vida hacía tiempo pero a pesar de que era tarde para arreglar su vida, eso no impedía que pudiera tener una familia e irse rodeado de seres queridos. 

domingo, 3 de agosto de 2014

Interiores (Fragmento Cuarto).


VI.


La dilatada época que viví sin pareja fue como comer un pastel a pequeñas raciones, no me llenaba, pero tampoco moría de hambre. Intentando ser sincero, no ingerí ni un solo dulce en la época posCelia y no fue hasta el éxito comercial de mi obra magna que el apetito resucitó en mi cuerpo. Tenía tanto dinero que me permitía el lujo de ir regularmente a la pastelería, la pastelera me presentaba o enseñaba productos, algunos eran de crema y otros dulces, alternaba todos los alimentos, es más, devoraba manjares nacionales y extranjeros: me sedujo la textura deliciosa del bizcocho o pastel dominicano, me interesé una época por el zongzi aunque era demasiado pegajoso y en otro período sucumbí a la melosidad del blighat.
Muchas veces, después de saborear el manjar, me gobernaba el arrepentimiento ¿por qué no cocinaba yo? ¿No sería mejor para mí comer un único pastel y por tanto entero? No obstante, el recuero de Celia me convencía de que caminaba por la dirección correcta. Estuve años con este estilo de vida acerba, cambiaba de pastelería como quien cambia de vestuario. Tuve más de una ocasión para romper mi costumbre y enrolarme en una gastronomía, no cedí porque el miedo era mi sentimiento y la vergüenza mi conciencia. He explicado anteriormente que el miedo era por Celia, en cambio, la vergüenza era causada por unas frustraciones latentes en mí desde que tengo conciencia, vergüenza que es hermana del miedo, ambos van juntos conmigo por el camino. Vergüenza y miedo de lo que piensen los demás, vergüenza a mí mismo y miedo se sentirme otra vez inferior como me ocurrió con Celia. Tal vez la vergüenza sea un sentimiento híbrido ya que hay algo de orgullo y ego, en otras palabras, sufro de ambivalencias. Voy a escribir un ejemplo práctico: estuve dos años sin ver a Pedro por las amenazas de Celia por el envite, ella pensaba que la publicación del escándalo afectaría a las ventas de mis libros, mi editor, le dio la razón. Mis sensaciones fueron otras, no me hubiese atrevido a mirar a ninguna persona, me hubiese atormentado creer que mis más cercanos tendrían pensamientos malvados sobre mi persona. Elegí o preferí no ver a mi hijo a luchar en la trinchera, hecho del cual me arrepiento y hace que me odie a mí mismo, luchar hubiese sido doloroso, pero no hubiese perdido a mi hijo. Preferí que me hijo pensase que era un egoísta, al cual únicamente le importaba el dinero, a que supiese la verdad.
Estoy perdiendo el hilo de la historia, vuelvo a los pasteles. Me encapriché con un manjar antes de casarme con María. No sé si era amor, tengo claro que estaba totalmente obsesionado por engullir cada día una ración. Hay una cuestión que es importante anotar: comer un pequeño trozo significa que otro hombre probará o ha probado antes otra ración, suceso que nunca me había importado hasta disfrutar del aroma dulce de aquel manjar. Me volví una persona posesiva y celosa, era consciente de que no podía exigir nada y este pensamiento me torturaba aún más. Mil veces pensé que no tendría que volver a desmenuzar el pastel, jamás cumplí mi propósito. Los días corrieron para caminar otro año. Una tarde me paró un hombre cuando me dirigía a la pastelería, era un señor bien vestido, creía conocerlo o haberle visto en alguna ocasión anterior. El hombre hablaba desabridamente, atropellando las palabras, y parecía estar nervioso. Me invitaba a tomar café para hablar de un asunto importante para mí y mi pastel. Acepté, estaba aturdido y preocupado, pensé que aquel hombre estaba relacionado laboralmente con el manjar. Hablamos de mis libros una vez dentro de la cafetería. Sin embargo, estaba inquieto y le pedí que fuese directamente al grano. El hombre se llamaba Julián, trabajaba en un programa del corazón y conocía mi gusto por el dulce, decía que me entendía, «yo también lo he probado, excelente», dijo riendo hipócritamente. Me amenazó con explicar mi vida privada sino le hacía un favor.
—Conozco toda su vida. Ha hablado demasiado y me he enterado de todo porque compartimos gustos. Ya ve, no se puede confiar en nadie.
—¿Se lo ha contado todo?
—Sí, todo. Le cae bien, pero piensa que así puede ganar mucho dinero. Voy a evitar que hable en la tele a cambio de algo.
—¿De qué?
—Verá. —Aquí habló lentamente y cruzó sus brazos para que le tomara en serio—. Tengo una hija, ya sé que usted no ve la prensa rosa. Mi hija es joven, viuda de un torero famoso, el murió hace dos años y la pobre está destrozada. No quiere conocer a nadie, no puede tener hijos y cree que nadie va querer estar con ella por su problema. Usted tiene un hijo, ¿quiere tener más?
—Es algo que no me he planteado.
—Eso significa que no. Solo le pido que conozca a mi hija. —Sacó una fotografía de su cartera y me la enseñó—. Es muy guapa, no tiene su cultura y no le gusta leer, aunque es buena persona y joven, tiene veinticinco años.
Le devolví la fotografía, lo miré mareado a causa del embate, no podía creer estar hablando con ese deshollinador. Recordé en ese momento haber visto a ese hombre en la televisión hablando de su vida privada con una frialdad efervescente.
—Ahora lo recuerdo. —Sonrió de nuevo y nació en mí un odio profundo hacia ese ser—. Si le digo que voy a denunciarlo se va a reír, mejor para usted, más protagonismo y dinero.
—Exactamente. Piense una cosa. —Volvió a cruzar los brazos y alzó la cabeza—. Pedro ya tiene una edad y una exclusiva tan fuerte haría romper la relación con su padre, usted tiene muchos problemas con su hijo y Celia. Mi María sería una buena madre, el chico es grande, sí, aunque no importa. Mi hija es tan buena que se ganará el corazón de Pedro y el suyo.
—Pongamos por un caso que nos conocemos, ¿qué pasaría si no sale bien?
—Nada, se lo prometo. Ahora bien, estoy seguro de que cuando la conozca se va a enamorar de mi María. —Julián calló un momento, movió su mano para coger el asa de la taza y terminar su café. Estaba esperando que yo hablase, abrió la boca cuando entendió que no iba a suceder—. Mañana voy al entierro de mi mujer, hablaré con mi hija y les arregló una cita.
—¿Una cita tan solo?
—Ya le he dicho que una cita.
Acepté conocer a María, total, sería únicamente un encuentro. Además, era consciente del poder del merodeador, tampoco había pedido mi alma porque le interesaba mi dinero. Ese día me fui a casa, se me había quitado el apetito, no imaginaba que nunca más pisaría una pastelería, no veía que se iniciaba una nueva etapa en mi vida. Me horrorizaba recordar cómo Julián hablaba de mi hijo con una familiaridad natural, sufrí otra decepción a causa de la indigestión del pastel, aprendí que las pequeñas raciones también provocan dolor.
Creo que nunca más he vuelto a confiar en alguien, en hablar de mi vida privada con una persona, ni siquiera con María. Recuerdo todavía la primera vez que la vi, era la personificación de la beldad y la timidez, no teníamos gustos comunes y sudamos para iniciar una conversación coherente. La construimos cuando ella preguntó por Pedro y me sorprendió su infinita curiosidad por mi vida paternal. Pedro fue la semilla para plantar nuestro jardín en nuestros primeros años de relación. ¿Por qué no volver a verla? Pensé que con el tiempo podría enamorarme de su bondad, sin olvidar que su belleza me excitaba, su físico quizá era la razón de que era tan educado y amable con ella. María respondía con la misma moneda, pero yo sentía que nuestra relación era forzada.
Pedro conoció a María a causa de la insistencia de esta. Mi hijo estaba padeciendo los primeros ataques de su madre, nunca pensé que Celia actuaría vilmente contra Pedro, era su vida cuando nació. No obstante, no educamos bien a nuestro hijo y no explotamos sus virtudes, hecho que me oprime el pecho, secreto que nunca he confesado a nadie, ya que por despecho responsabilizo a Celia de lo sucedido.
Me he perdido otra vez, no estoy tamizando correctamente este relato, tal vez porque es una confesión demasiada sincera y yo, aunque he escrito novelas autobiográficas, no he sido sincero con la obra ni conmigo mismo. ¿Puede un hombre escribir sinceramente? ¿Puede un hombre escribir las ideas y los sentimientos más enterrados de su inconsciencia? ¿Puede un hombre aceptarse hasta la última consecuencia de su ser? Yo lo estoy intentando, como han hecho tantos escritores anteriores a mí, como el hombre del subsuelo que reconoció su bajeza, ahora es mi turno.
María ha sido en estos dos últimos años un alivio, un desahogo para Pedro. Mi hijo siempre que puede viene a vernos, no, viene realmente a hablar con María, que es la única inocente dispuesta a ayudarlo. Pedro no confía en mí, algo que entiendo y no me atrevo a discutir porque perdería la batalla dialéctica. El amor que tiene Pedro por María ha hecho que no me aleje de ella. Sé que es duro lo que voy a escribir, pero es la verda: nunca he estado enamorado de María, le tengo cariño y respeto, su físico me fascina, aunque si estoy con ella es porque me une más a Pedro. Si me he casado con ella es porque a Pedro le hacía mucha ilusión la ceremonia. María es la única madrastra que no ha tenido problemas de comunicación con su hijastro.
El matrimonio se celebró por la influencia de Julián, pero no lo tuve claro hasta que Pedro se alegró de la noticia. Julián era un auriga y yo uno de los jamelgos de su carruaje, María era el otro caballo. Ella ya no salía en el mundo del cotilleo desde que inició su relación conmigo, Julián y Ana se encargaron de desterrar a María de la televisión. Ana es una joven periodista que ha entrado en la televisión porque se ha acostado con Julián. Este ha introducido a la periodista en el programa en el que colabora a cambio de que defendiese a María. Ana interpretó tan bien su personaje que María quiso conocerla, para agradecerle su apoyo desinteresado. Desde entonces nació una amistad sólida, a pesar de que María no tiene constancia de la relación entre Julián y Ana. Julián me contó su secreto cenando una noche, estaba beodo y reía mucho. «Eso, sí, Ana ahora aprecia a mi hija un montón, te lo aseguro, sino yo no hubiese dejado amistarse a mi María con esa mujer. Ana dice que no hay persona más buena que mi María. ¡Qué razón tiene! »
Ana es una mujer extraña, no simpatizamos nada, sabe que no amo a María y que no sé dónde voy. Es una persona sin principios, ha llegado lejos por su cuerpo y traicionando a muchos compañeros. Ahora bien, jamás haría daño a María. Adora, admira y aprecia la personalidad de María, le gustaría tener algo de ella, pero su realismo le hace olvidar el propósito de ser mejor persona. No se arrepiente de su pasado oneroso y de su relación con Julián, lo cual no quiere decir que cuando este murió hace dos meses no respirase tranquila, al menos percibí esa calma interior en el entierro de Julián. Por mi parte puedo asegurar que me alegré, era la única persona que podía esgrimir a María, ahora ella puede conseguir que mi hijo me quiera sin la molestia de su padre. María me ha reconocido no estar muy afectada por el accidente de Julián, le ha dolido no haber tenido mejor padre, como a Pedro.
He sido el filón de Julián, este consiguió que el pastel no fuese conocido a cambio de una dosis económica. Él se hizo cargo de la inversión, escribo inversión porque con el tiempo repuntó su dinero. Fue astutamente ardido, esperó unos meses a que se formalizase mi relación con su hija y entonces reprochó mi «candidez comercial, no es normal que no quieras que hagan películas sobre tus libros», me comentó en una cena como si hablase por mi bien. «Sí, sí, sí, lo sé, te niegas porque crees que no se tienen que hacer pelis sobre libros, según tú, matan la imaginación de los lectores. ¿Y los que no somos lectores no tenemos derecho a disfrutar de tu rico mundo? Piénsalo, lo digo por tu bien». Coceé mil veces, hasta que un día me envió un correo electrónico en que escribió: «Antonio, he hablado con un productor, está dispuesto a pagarte mucho dinero por hacer una película de las dos primeras novelas, me ha dicho que será una peli larga, seguro que durará más de tres horas. Por cierto, Antonio, hay otra cosa importante que quiero hablar contigo, me tendría que quedar con el 25 % del dinero que te den, no es por mí, ha vuelto amenazarme quien ya sabes, quiere más dinero, es la razón por la que creo que tenemos que aceptar esta oferta». Sabía que este correo era una argucia de Julián, sabía que el pastel no quería más ingredientes, sabía que iría a la televisión a declarar mi crimen. Ya conocía a Julián, no estaba dispuesto a perder su inversión, había demostrado un control absoluto en las vidas de María y la mía, su plan lo ejecutó perfectamente. Tuve que aceptar la oferta cinematográfica, la película fue un desastre, aunque ganamos algo de dinero. Julián desterró a María de la televisión porque yo era su nueva gallina de los huevos de oro. Ana ayudó a mi suegro ya que quería a María, la amante no participó en hurtarme.
Me imagino la cara de satisfacción de Julián cuando le explicó todos mis secretos más íntimos, calculó hasta cuándo podía utilizar el pastel y luego tenerme atado a su vida por estar casado con María. ¿Cómo volver a confiar en alguien después de estas experiencias? Después de haber conocido a Celia, a mi pastel y a Julián. ¿Qué ideas tendría Julián después de la boda? La muerte de Julián no fue únicamente un descanso para Ana y María.

María acabó de leer la confesión que acababa súbitamente, como si el autor tuviese miedo de continuar escribiendo. Dejó el dosier en el bolso, ubicó sus ojos en el cuerpo de Antonio y quedó sumergida en una ardua tarea reflexiva. 

sábado, 5 de julio de 2014

Interiores (Fragmento Tercero).

V.

María estaba sentada, miraba a su marido tumbado en la camilla, ella estaba preocupada y no cesaba de llorar. Antonio había sufrido un ictus cerebral la mañana de ese mismo día. Había estado todo el día con él. Por la tarde llegó la primera visita, era Ana.
—María, ¿cómo estás?
—¿Cómo voy a estar?
—Ha salido por todos los medios. Todo el mundo está con Antonio.
—Todo el mundo está con el escritor, pero nadie ha venido a ver a Antonio. Su editor está en el extranjero de vacaciones, le he llamado y me ha dicho que vendrá mañana —María calló. ya que no quería hablar de la otra persona.
—¿Y su hijo?
—Su hijo no puede salir de donde está. Es parte de la rehabilitación.
—Sí, lo sé, pobre chico.
—¿Pobre chico? —rio cínicamente. Ana cambió de tema.
—Solo hace tres meses del Nobel. Se le veía tan feliz en la televisión y ahora ha estado a punto…
—El médico me ha dicho que ha sido un ataque leve, saldrá adelante —María cortó la interpretación melodramática de su amiga.
—Me alegro muchísimo.
—Yo también. —Miró a Ana, la vio preocupada y agradeció su visita—. Sabía que tú vendrías. Siempre has sido una amiga fiel.
—Y tú. Me apoyaste muchísimo con el divorcio. Dejemos eso, hoy tienes un problema muy desagradable, espero que no se convierta en una desgracia.
—Otra más, no sé cómo aguanto —María miraba a su marido mientras hablaba.
—Eres una mujer fortísima, aunque te creas todo lo contrario.
—No sé si soy fuerte, Antonio me dice que soy tonta —María al responder dejó de mirar a su marido para observar a su amiga.
—Os conocisteis por fuerzas mayores, tu padre se aprovechó de ti una vez más.
—Sí, nos reencontramos en el entierro de mi madre, la pobre sufrió con ese cáncer. Mi padre solo vino para decirme que no podía seguir estando sola, Pepe llevaba ya dos años muerto y yo no había estado con nadie. Entonces me habló de Antonio, yo no sabía quién era, ya sabes que no leo. Me dijo que era un amigo, un escritor muy bueno, había publicado su cuarta novela en aquella época. Era listo, educado, bla, bla… Resumiendo: me haría feliz.
»Me negué porque no era mi tipo, no quise ni ver la foto, entonces mi padre… —Calló, estaba furiosa y miró de reojo a Antonio para entender el pasado. Luego encajó sus ojos enfrente de los de Ana y habló de nuevo—. Entonces él me dijo: «hija, no puedes tener hijos, ¿dónde vas a ir? Antonio tiene un hijo y no quiere más, no hay otro hombre como él». Nunca olvidaré estas palabras.
—Normal, María, eh, quizá no es bueno hablar ahora de algo tan delicado —Ana estaba preocupada porque María rio de nuevo histéricamente cuando acabó de hablar. Nunca antes había visto así a su amiga.
—¿Por qué no? «No hay otro hombre como él» significaba en el idioma de mi padre que no había otro hombre rico y dispuesto a quererme. Acepté finalmente, pensé que me iría bien cambiar de aires, una persona totalmente diferente en mi vida podría colorearla. —Esta frase le provocó una carcajada sañuda.
—María, María…
—¿Sí?
—Perdona que te pregunte, Dios, ¿has bebido?
—Sí, un poco, estoy destrozada por lo sucedido.
—Entiendo. ¿Dónde está el alcohol?
—Se ha acabado.
—Mejor, no compres más.
—No sé.
—Estaré a tu lado para que no bebas.
—Gracias, eres una buena amiga. —Volvió a mirar a Antonio y sintió la necesidad de vomitar su impotencia—. Nunca lo quise como a Pepe, le tenía cariño, no era mala persona, su problema era que no sabía disfrutar de la vida. Su ex le ha atormentado durante toda su vida, sé que nunca me ha querido como a ella, me da igual. Estuvimos juntos porque mi padre nos comió la mollera. Sé la causa de que Antonio aceptase conocerme, ya lo sabes, me da mucho asco contar esta parte de nuestra historia.
—No hace falta.
—Gracias a ti estos secretos no salieron en la tele y las revistas. Siempre me has defendido. —Cogió las manos de Ana y temblaba.
—Duerme un poquito, te sentará muy bien.
—No estoy cansada. —Cedió sus manos y abrió los ojos como muestra de su fuerza—. —Necesito hablar, por favor te lo pido, por favor, si estoy callada pienso que puedo perderlo… —Suavizó su mirada—. Así me distraigo, conoces la historia, lo sé. Entiéndeme, así me distraigo de esta tragedia.
—Está bien, sigue hablando.
—Vivíamos juntos al año de conocernos y nos casamos a los dos años. Estuviste en la boda, no fue como la de Pepe. Mi padre esa tarde bebió mucho y por la noche murió en su coche que se había pagado con las exclusivas. Quizá fue la señal de mi patético matrimonio con Antonio.
—Nunca has tenido suerte en la vida. Tendrías que haber dejado a Antonio, te lo llevo diciendo muchísimos años.
—¡Sí! Ya sé tu respuesta, irme con mi hermana. Si no lo he hecho es porque me gustaba y me gusta vivir cómodamente. Ella es ama de casa, a veces hablamos por teléfono, parece aburrida aunque no ha sufrido como yo. Ella fue lista, se fue lejos de mi vida pública.
—Tu padre me comentó que Sofía era como tu madre, que poseía la misma humildad.
—¿Y yo?
—Tú eres una buena persona como tu madre y materialista como tu padre.
—Sí, por eso estuve con Antonio, era el único que me podía querer pero no surgió la chispa. Los dos primeros años fue educado, todo cambió con el matrimonio. En realidad, Antonio no quería casarse. —Volvió a mirar a su marido y entristeció todavía más su rostro.
—María, estás preocupadísima. Los médicos han dicho que ha sido un ataque leve, ¿no? Saldrá adelante.
—¿Tú crees?
—Segurísima.
—Él no era mala persona. El problema era que no nos hemos querido y una vez muerto mi padre no teníamos ningún motivo para estar juntos, aunque seguimos. Ni él ni yo teníamos motivos para estar juntos, él no volvió a escribir un buen libro y me echó la culpa a mí.
—Eso es cruelísimo, nunca lo he entendido.
—Tampoco yo. Decía que tenía una vida aburrida conmigo y no tenía buenas historias.
—¡¿Y qué hace contigo?! —María había conseguido alterar a Ana.
—Ni él mismo lo sabía. También yo me pregunto por qué he aguantado tanto.
—Eres una persona buenísima. Escucha, hace tiempo que pienso en proponerte algo. Ahora las circunstancias son más complicadas, no importa, cuando estés bien dejas a Antonio y te vienes conmigo.
—No puedo dejarlo solo, es un niño, se haría daño.
—No es tu problema.
—Es mi marido. Quiera o no, es mi problema.
—Te mereces ser feliz.
—Él también, Celia le destrozó la vida.
—Y él la tuya.
—No, no fue él. Fue mi padre. Te confieso que odio a mi padre. ¡Odio a mi padre!
—Era una persona cruel, solo ha hecho una cosa bien.
—¿Qué?
—Tú.
Ana sonrió suavemente pensando que aliviaría a María, deseo que no sucedió. Ana habló de su trabajo para distraer a su amiga. El miasma contaminó el ambiente, cuando María al fin se despejaba, porque Celia entró en la habitación. Sin duda, era la última persona que María esperaba ver. No obstante, pensó que una persona gélida como Celia era capaz de cualquier acto salvaje. Tenía setenta y cinco años, sus ojos expresaban cansancio, cansancio que no enterró su orgullo y altivez.
—Buenas tardes ¿cómo está Antonio? —Celia hablaba con un tono estentóreo.
—Ha tenido suerte dentro de lo que cabe. No esperaba verte.
—Sí, ha pasado mucho tiempo, Pedro era un adolescente. Antonio es el padre de mi hijo, él no puede venir y me ha pedido que venga yo.
—¿Cómo está Pedro? —Ana preguntó sin pensar.
—Lo está pasando mal. Espero que no lo publiques en tu revista.
—No publico nada relacionado con la vida de mi amiga.
—Está bien, tienes principios —Celia ironizó.
—¿Entonces has hablado con Pedro?
—Sí, María. No puede salir del centro… —Celia calló, le costaba hablar de un tema tan delicado—. María, por favor, me gustaría hablar contigo a solas.
—Ana, si no te importa.
—Claro que no. ¿Estarás bien?
—Sí, tranquila.
Ana se fue de la habitación. Celia esperó unos segundos cuando la periodista cerró la puerta. Entonces la anciana la abrió otra vez para asegurarse de que Ana se había ido, no la vio, volvió a cerrar la puerta y miró a María como un objeto más de aquella habitación inerte.
—Antonio se va alegrar mucho cuando salga del hospital y vea cómo han subido aún más las ventas de sus libros. —Celia inició la plática que había preparado horas antes.
—Es así por tu culpa.
—Yo le enseñé a escribir por amor al arte. Es así porque es débil, como su hijo, es igual que él.
—¿Cómo puedes hablar así de tu propio hijo?
—Yo lo he querido más que a mi vida, has visto cómo se ha autodestruido. Yo creía que él podía ser algo grande, sin embargo, a los catorce años no mostraba ninguna aptitud, nunca ha sabido hacer nada, es lógico que me desilusionase.
—Por Dios, es tu hijo, no puedes hablar así, quizás tienes parte de culpa.
—Sí, es cierto. Nunca tuve que haber conocido a su padre.
—Fuiste tú quien le destrozó la vida.
—¿Por qué lo defiendes tanto?  Pedro me ha comentado cómo te tratan. Son injustos, tú eres una buena mujer. Has ayudado a Pedro cuando yo fui severa con él, creí que así mejoraría, no pudo ser porque cayó en tus brazos y tus mimos lo debilitaron. Con los años él ha crecido y mira cómo te ha devuelto tu cariño.
—Está perdido por vuestra culpa.
—A mí me respeta…
—Pero no te quiere. —María cortó bruscamente a Celia. Se sentía incómoda con ella.
—No, no me quiere.
—¿Y tú lo quieres ahora?
—A mi manera. María, yo sé que tú lo has querido mucho, fue el hijo que tu cuerpo no parió, querías que te viese como madre. Te odiaba en aquella época, mientras yo era dura con él, tú le dabas comprensión y bondad. Él estaba más por ti que por mí, algo que me dolió mucho.
—No fue mi cariño, sino tu maldad la que hizo a Pedro buscarme. Una vez, tenía dieciséis años, vino casi llorando porque tú le habías llamado «inútil de mierda» por sacar un 6 en un examen de castellano. No me extraña que haya acabado así. –María observó brevemente a Antonio tras decir la última frase, fue el único momento en que se atrevió a mirar a su marido delante de Celia.
—¿Qué? —Celia se indignó y no creía que María comentase tal atrevimiento—. Yo creo que la culpa es de Antonio y tuya.
—Dime el motivo.
—Antonio no educó en ningún momento al niño…
—No lo dejaste.
—No me cortes, por favor, intento ser educada. Digo que Antonio no supo educar a su hijo y tú… tú le hiciste creer que no era malo no ser grande. Mi sueño era que fuese un gran escritor y tú lo destrozaste.
—Era tu sueño, él es una persona normal, una buena persona, y le has hecho mal, como a Antonio.
—Antonio es un gran escritor gracias a mí.
—Le has dado una historia rara y él escribió un buen libro.
—¿Tú qué sabes? —Celia rio vehemente—. Nunca has leído un libro. Desde que Antonio está contigo no ha escrito ni una página decente. Si al menos le hubieses hecho feliz.
—Fallamos los dos.
—Sí, los dos seguís amando a vuestras antiguas parejas.
—¿Y tú?
—¿Yo? Yo lo he querido, como he querido a Pedro… —Celia no pudo responder, cambió el tema—. Respóndeme una pregunta por favor, me gustaría saber cuándo Pedro se hostilizó contigo.
—A partir de los veinte años, cuando vi por accidente a Pedro esnifando. Lo comenté con su padre, Pedro lo desmintió y su padre creyó a su hijo. Nunca más confió en mí. Desde entonces únicamente nos ha robado el dinero.
—Yo sabía que decías la verdad.
—¿Y por qué no hiciste nada??
—Hablé con él, y sabes cómo soy, me enfadé… —Celia calló, no podía seguir con la conversación, interpretó que miraba el reloj y gesticuló una cara de sorpresa—. Excúsame, es tarde y tengo que irme. Además, tu amiga está esperando a fuera.
—¿Volverás?
—No.

Celia se despidió con un gesto casi femenil. María se tranquilizó cuando se fue, Ana volvió a entrar y notó a su amiga extraña. No hablaron mucho, el ambiente estaba tenso, poco a poco el miasma de Celia se desinundó. La periodista no cumplió su promesa y se marchó una hora después de la salida de Celia. María se quedó sola y aprovechó para abrir su bolso, cogió un pequeño dosier, era una confesión de Antonio sobre su matrimonio. María lo había descubierto años atrás, era el único texto que había leído en su vida, desconocía si tenía talento, le importaba únicamente su valor personal. Antonio no tenía conocimiento de que su confesión había sido leída. María volvió a esconder el dosier en su refugio. Sin embargo, había sentido la necesidad de llevarse la confesión con ella tras el ictus cerebral. Quizá fuese una tortura o simplemente era la necesidad de desatar el bramante y por eso mismo inició la lectura. 

domingo, 8 de junio de 2014

Interiores (Segundo Fragmento).


III.

María estaba sola y beoda, Antonio estaba a punto de recibir el premio en Suecia. Había viajado con su hijo, aunque no con su mujer zafia. Lógicamente, era una situación humillante para María. En ese momento, ella estaba conversando para sí misma, recordando o escribiendo mentalmente su biografía. «Solo he sido feliz con Pepe, él sí que era un hombre en todos los sentidos, no el cobarde cínico de Antonio, este nunca ha tenido el cuerpo atlético de mi Pepe, pero claro, él era un torero y el otro es un escritor que se cree el más listo del mundo…». María cedió sus pensamientos a causa del vacío ginebrino, fue lentamente a la cocina y exprimió de nuevo la botella. Volvió al comedor a mirar la televisión, Antonio era el protagonista de las noticias. «Se le ve contento. Mi felicidad acabó hace tiempo. Recuerdo aún el día de mi boda con Pepe… Pepe, él sí que era un hombre… Mi primer marido, y aunque luego me casé con Antonio, Pepe sigue siendo el amor de mi vida. ¿Por qué te mató el toro? ¿Por qué no lo esquivaste? ¿Por qué me dejaste? Haber vuelto, te hubiese perdonado todo: las infidelidades y la única vez que me pegaste. Aún recuerdo perfectamente nuestra última noche, te chillé porque estaba harta de tu vida nocturna, de tus juergas. Recuerdo que te grité «hijo de puta». A ti no te gustó que insultase a tu madre y me pegaste una bofetada, solo una, que me ha marcado para siempre. Al día siguiente tenías que torear en la plaza de nuestra ciudad. Te fuiste temprano porque tenías miedo de la reacción de mi madre, ella en aquella época vivía con nosotros. Te pedí perdón antes de marcharte y lo aceptaste, te fuiste y nunca más te volví a ver».
María paró de pensar en esa época de su vida, normalmente recordaba a Pepe por los momentos felices que pasaron y recordó su historia desde el principio. La joven de diecinueve años acompañaba a su padre a las corridas de toros. Una tarde en la cual José toreaba, María fue invitada por un caballero, que decía trabajar para Pepe, a una fiesta privada del torero. Ella se negó porque su padre estaba al lado, pero él animó a su hija hasta que ella aceptó finalmente. El padre de María no era un cándido, era consciente de que el señor no había propuesto a su hija ir a una exposición pictórica. Sin embargo, el hombre pensó que si alguien tenía un deseo por su hija no era ningún problema, sobre todo si ese alguien era el gran torero. La joven fue a la fiesta sin su padre, acompañada de ese misterioso hombre. Fueron en coche a una discoteca famosa de la ciudad, «la fiesta es privada y no puede entrar cualquier persona», comentó el caballero a María para tranquilizarla y suavizar su timidez, ya que no habló durante el trayecto. Ella no hablaba no por la inquietud de conocer al torero, sino porque intentaba aclarar el comportamiento de su padre, qué motivo o qué le había pasado por la cabeza para dejar sola a su hija. El acompañante de María se fue y ella estuvo sola una vez dentro del local. Analizó el ambiente en que había entrado y veía curiosamente a aquellos individuos. Sus pensamientos se quebraron cuando escuchó una voz masculina que la saludaba, ella se sonrojó cuando vio a José.
—Hola, guapa. ¿Cómo va la fiesta?
—Muy bien, gracias por invitarme.
—Es un placer tenerte aquí con nosotros. Estás en tu casa.
—Gracias.
—¿Solo sabes decir gracias?
María rio, estaba cohibida, su mirada era una abeja que libaba al torero y él era consciente. La joven escuchaba atentamente aquel tono de voz que perfilaba una seguridad en sí mismo arrasadora. Pepe era la personificación del casanova rico, era famoso en la prensa sensacionalista a causa del toreo y de sus trabajos puntuales en la moda.
—Estoy contento de haber toreado en mi ciudad.
—¿Por qué?
—Así te he conocido.
—Yo también me alegro de conocerte. Mi padre es fan tuyo. Él estaría contento de estar hablando contigo.
—Haberlo traído.
—No ha querido venir. Dice que la noche es para los jóvenes.
—Tiene razón, es para nosotros.
María había desterrado su vergüenza en la conversación, era consciente de su belleza y que José tenía la intención de estar con ella toda la noche. La charla transcurrió durante horas. María analizó a Pepe, descubrió que la inteligencia no era una de sus virtudes, no obstante, era una persona extrovertida, alegre y cariñosa. Puede que José tuviese muchas virtudes, pero para alguien como él no hay mayor pureza que no abrir el amor a un desconocido. Su deseo se ensanchó más cuando María no quiso ni siquiera regalarle un beso. Pasó un mes y María estaba galopada por los deseos de su cuerpo. ¿Para qué esperar más? Pepe también se había enamorado de María, nunca había conocido a una chica con unos principios tan rígidos e inflexibles. Ella tenía un orgullo y una honradez que no vendería al primer hombre que encontrase, por muy famoso y atractivo que pudiese ser.
Se casaron un año después. Durante este tiempo se convirtió en una mujer conocida y su padre se aprovechó económicamente de la situación. La pareja y los padres de ella ganaron dinero gracias a las entrevistas en la televisión. María ganaba menos dinero porque cedía un porcentaje a su padre. «Yo no trabajo, hija, necesito el dinero para que tu madre esté bien», decía el hombre y su hija ante estas súplicas no podía negarse. Además, la joven estaba volando en las nubes y únicamente recuperó los sentidos cuando se estrelló. Ahora bien, la hermana mayor, que se llama Sofía, nunca entró en los espectáculos familiares, se había enamorado de un guardia civil y se casaron seis meses antes que María y José. Sofía intentó hablar con su hermana sobre su nueva vida, sobre los lujos sin sentido y el estrés televisivo, aunque María nunca creyó que su mundo fuese un relumbrón como denunciaba su hermana. La relación de las hermanas se distanció y más cuando el marido de Sofía fue destinado a una ciudad ubicada al otro extremo del país.
El primer año de matrimonio de María y Pepe fue paradisíaco, hasta que hubo un contragolpe que la joven no barruntó. El padre se había gastado el dinero en una amante avariciosa y haragana. El escándalo se publicó en los medios de comunicación y María no podía creer lo sucedido. Habló con su madre y reconoció que lo sabía todo, no se lo había confesado porque no quería contaminar el mundo feliz de su hija con su marido. Las relaciones familiares se rompieron y los padres se divorciaron, María ayudó a su madre y perdonó a su padre. La joven intentó que aquella desgracia no afectase su vida matrimonial. Consiguió tal hazaña manteniendo unas distancias no excesivas con su familia, ella creyó que de esta forma nada rompería su felicidad, sin embargo, nada dura para siempre. María vivía como una estrella de Hollywood, su vida era cómoda y lujosa, la vida matrimonial era un camino ascendente y sin baches. Llegó a ser archiconocida y querida por la gente, porque veían a una chica bella y cándida, una cenicienta que había cumplido su sueño. José y María salían en ocasiones en la televisión, se mostraban felices, tanta era la felicidad que parecía imposible haber teatralidad en sus actos públicos.
El matrimonio quiso ampliar la familia cuando celebraron el segundo aniversario, no cabe duda de que lo intentaron diez mil veces, no obstante, María no quedaba preñada. Un año después supieron la terrible noticia de que María era estéril. Pepe, que tenía una naturaleza viril y ruda, no pudo aceptar la realidad, él no quiso adoptar, quería un ser de sus carnes. Gota a gota, al ver que María no podía darle un hijo, su relación con su esposa sufrió una crisis. Espetaba a María su «cuerpo de poco mujer». Ella imploraba perdón, nunca lo obtuvo, e intentó hacer feliz a su marido de todas las maneras posibles, incluso cuando se debatían infidelidades de este fue perdonado por su mujer. Los secretos más íntimos del matrimonio eran temas que se hablaban en tertulias televisivas, conversaciones en los bares o trabajos, el sueño de la cenicienta se había despedazado.
María rechazó grandes ofertas económicas para ser entrevistada en un canal de televisión, Las ofertas fueron buscadas por su padre, pero María, influida por su madre, se negó. El padre, que no quería perder una oportunidad tan seductora, fue finalmente el entrevistado para hablar o aclarar cualquier detalle íntimo. Hubo varios temas que no conocía al pie de la letra, por suerte suya era un hábil mentiroso y no tuvo ningún reparo en inventar una biografía para María. «Mi hija ha perdonado varias veces a Pepe porque lo ama mucho. Es mentira que ella no puede tener hijos, el problema es de él». Este hecho y concretamente esta invención fueron la causa de la ruptura temporal entre padre e hija. Fue el propio José quien ordenó el sacrificio, el tema de la infidelidad le dolió poco, sin embargo, poner en duda su hombría fue como cornear a su persona y orgullo, un acto intolerable para alguien como Pepe, imposible de perdonar. Nunca tuvo dudas que la responsabilidad caía solo para su suegro, María era demasiado noble para cometer un delito moral de tal calibre, una traición, una puñalada al corazón de su marido. La madre se afincó en casa de su hija para poder cuidar a su hija, creía que estando al lado de ella todo iría un poco mejor, José no se atrevería a cometer ninguna bajeza. La vida transcurrió al mismo ritmo y Pepe con ella, no le importaba lo más mínimo que su suegra se fuese a vivir con su esposa. Una noche, le recriminó su actitud cuando el torero salía solo a cenar en un restaurante, este contestó vehemente a su suegra, dijo que «es mi casa y mando yo, no eres mi madre aunque yo soy el que te ha pagado tu buena vida después de tu divorcio, así que a callar». La suegra no respondió, porque no estaba acostumbrada a que se le hablara de forma tan grosera. Se fue a hablar con su hija para contar la historia. María buscó a José acto seguido.
«Maldita noche aquella, fue nuestra última noche y no cenamos juntos», María pensaba tras concluir sus pensamientos. «Sofía y mamá me apoyaron, en cambio papá volvió a la televisión y dijo otras mentiras absurdas, aún recuerdo cómo contó que Pepe y yo habíamos hecho las paces, que fuimos muy felices esa última noche y que yo estaba destrozada, pero contenta por haber tenido una despedida feliz… ¡Mentiroso! A partir de aquella entrevista…».
María no recordaba fielmente los sucesos, aunque continuó de todas formas. «Creo que a partir de entonces entró como tertuliano en aquel programucho del corazón. Yo nunca hablé para los periodistas y fui criticada por ellos, tenía que dar la cara o algo así, decían, comentaban que tal vez estaba contenta por la muerte de Pepe, me gustaría haber visto en mi situación a esa gentuza. Mi padre me apoyaba en televisión con un cheque en el bolsillo, aun sabiendo que yo no quería verlo. La única periodista que me defendió fue Ana, estaba tan agradecida con ella que la conocí para darle las gracias por su defensa. Desde entonces somos amigas, una amistad con un principio que no me gusta nada…».

María quedó enmarañada en sus pensamientos, no pudo recuperar el capítulo de su novela. Así fue interrumpida por la televisión, vio a su segundo marido reinando en su mundo, todo el mundo reconocía su trabajo, nadie valoraba la persona. María era la única que conocía realmente al hombre y, por tanto, la única que podía expresar una opinión de la vida personal del autor.