En el 2024 Alfaguara publicó una nueva traducción de «En busca del tiempo perdido. I. Por el camino de Swann», traducido por Mercedes López–Ballesteros, que fue secretaria de Javier Marías.
Es la tercera vez que leo este libro —las dos anteriores fueron de una edición de RBA, y es una de las mejores traducciones en castellano que hay de los siete libros de «En busca del tiempo perdido», traducido por Carlos Manzano—, pero la primera en una edición física, y no en un libro digital.
¿Qué decir sobre un libro tan comentado? Desde luego leer a Proust es un desafío literario como pocos. No solo por la extensión de cada libro, sino por la complejidad de su prosa, pero con los amoríos de Swann entramos en el mayor placer de este primer tomo. ¿Qué quiere decir el autor con el amor de Swann a Odette? El narrador afirma que Swan tiene una edad en la que ya no exige mucha complicidad en el amor, no es exigente. Trata el amor como a una enfermedad, el amor solo empieza con los celos y sobrevive gracias a ellos. Aquí encontramos unas páginas brillantes sobre las actuaciones de Swann respecto a la vida sospechosa de Odette, como cuando no la encuentra en casa de los Verdurin, y se vuelve loco buscando por toda la ciudad.
La primera parte del libro, sobre todo las primeras sesenta páginas, también son espectaculares. Desde la primera página tan famosa hasta el episodio de la magdalena —actualmente este concepto se llama memoria asociativa—. Nos podemos imaginar perfectamente los lugares que describe de Combray, igual que los perfiles psicológicos de los personajes; en este sentido es una culminación literaria que convierte a «En busca del tiempo perdido» en una obra maestra. Una de las obras más valiosas de la literatura occidental.










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